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La fotografía: recuerdos que escapan de nuestra memoria

Por: Gabriela Prado

Todavía recuerdo aquella mochila de jean, desteñida y siempre colgada en un solo hombro y en su cuello, infaltable, aquella cámara profesional desgastada, pero que tomaba las más increíbles y extraordinarias fotografías, el autor, Don Pepe, como todos lo llaman, era un hombre de mediana estatura, entrado en años, con algunas canas y arrugas que matizan su sonrisa de hombre bonachón, amante de su trabajo y rodeado siempre de su única inspiración, los niños.

“Cuando me casé quise tener cuatro hijos, mi esposa los redujo a dos”, comentó con resignación a manera de anécdota. “Qué podía decir, mi esposa es la mujer que me ha acompañado durante todo este tiempo y aguantado sobre todo”, reflejando en sus ojos gran ternura mezclada con nostalgia por los más de 30 años trabajando como fotógrafo.

Recuerdo. Foto Don Pepe

Don Pepe siempre ha vivido en la calle Santa Rosa, cerca a la cachina (lugar donde venden cosas usadas) frente al Mercado Nª 02 en Surquillo, estudió un par de cursos de fotografía, “nada del otro mundo, en verdad lo hacía como pasatiempo” indica “hasta que la necesidad me obligó a que se me ocurriera la brillante idea de trabajar en esto” afirmó mostrando una sonrisa de satisfacción.

Así empezó, fue difícil conseguir que le permitan tomar fotos de alumnos saliendo o ingresando de un colegio cercano a su casa, “no quería gastar pasaje, lo bonito de todo era que yo sólo quería ganancia, luego me di cuenta que también había que hacer un poco de sacrificio”.

Decidido a conversar con el director del colegio “San Vicente de Paúl”, lugar que quería fuese su centro de labores. Contando con el visto bueno del reverendo padre Emiliano Rodrigo Conde (QEPD), no le quedó más remedio que comprarse una buena cámara, al menos para aquella época y comenzar a trabajar. Considera que su única inversión fue su fiel compañera, su cámara.

Si bien es cierto, la fotografía permite perpetuar en el tiempo situaciones, para los padres se trata de todo un acontecimiento, cada día de sus hijos es trascendental. Los niños son realmente adorables, inocentes, sin malicia, no como los adolecentes alborotados, sin ánimo de ofender, pero se trata de una edad difícil, la adolescencia, la misma que don Pepe recuerda poco, pero lo que si recuerda son las innumerables promociones ingresantes y salientes, sin dar a conocer cuál le pareció la mejor, según indica para evitar entrar en conflictos.

Cámaras fotográficas análogas

Durante los años como trabajador aprendió a conocer de todo un poco, diferentes tipos de niños, muchas calles de Lima en busca de los dueños de las fotos, errores frecuentes de los padres, en general todas enseñanzas valiosas para él. A través de los años, los que conocían a don Pepe conocían su cábala, la cual consistía en no permitir que absolutamente nadie tome fotos desde su cámara, si se la sacaba del cuello era para guardarla en su estuche y de ahí a la mochila, “mi cámara es sólo mía ni siquiera a ti te la puedo prestar” don Pepe soltó tal carcajada que no pude evitar reír con él.

La conversación se tornaba cada vez más amena y acogedora, sin embargo, tal interés no pudo evitar  que notara su aumento en las canas, se veía incluso más pequeño, asumí que es por la edad, lo único que se mantenía igual, era su memoria, sus ganas de hablar y algunos duplicados de fotos     que don Pepe las guarda por si algún día alguien se anima a comprarlas.

Positivismo que llamó aún más mi atención, tanto como la historia que empezó a relatar sin que se lo pidiera. Ranzés, era un niño inteligente, hiperactivo, juguetón, alegre, bailarín, pero iban pasando los años y  su madre faltaba cada vez más a las actuaciones, es entonces cuando Ranzés comenzó a cambiar.

“Yo jamás me atreví a hablarle durante los primeros años, tenía miedo que no me entendiera, pero a punto de acabar la secundaria le obsequié fotos de cuando aún le gustaba bailar para el día de la madre”, contaba con total sensibilidad.

Ranzés quedó sorprendido con el regalo, con las fotos en mano y mirándolas mientras se alejada se dirigió a su casa. Al día siguiente, después de conversar con su madre, le contó a don Pepe el por qué no asistió a tantas actuaciones, obtuvo como respuesta el difícil carácter de su padre.

Entendió además por qué su mamá lloraba en las noches, no se sacaba los lentes oscuros, jamás lo llevaba al colegio y ni siquiera salía de su casa, -la golpeada don Pepe, mi papá la golpeaba-. Afortunadamente, lograron que aquel hombre alcohólico y agresivo abandonara la casa, pues con asesoría denunciaron su proceder y la justicia le dio la razón a su mamá.

Temporizador del cuarto oscuro de revelado

“Don Pepe, le presento a mi madre”, vino un día Ranzés a los 15 años. Vio y era una mujer linda, lástima que no haya sabido elegir. Pero superando el trago amargo de su esposo, asistió a todas las actuaciones ese año hasta el día de la clausura, cuando llegó la hora de decirle adiós al colegio, por supuesto don Pepe tomó todas las fotos que pudo, “lejos del negocio, que va muy bien, a pesar de mi edad, este trabajo me enseña mucho, como el valor de la familia, de un hijo, de una mujer”.

Aún se siguen viendo, Ranzés, ya hecho todo un hombre, estudiando, inclusive ve a su mamá también, paseando por el colegio, por donde aún circunda.

Este es José Durand, hacedor de tantas historias y recuerdos que gracias a él  se mantendrán en nuestro álbum personal, seguramente, ese que no queremos recordar y que mamá guarda con tanto recelo y muestra a cada invitado de la casa.

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´Agachaditos´, mixtura en los mercados

Por: Gabriela Prado Viera

Son las 9:06 de la mañana, no hay ni un rayo de sol, es evidente que es hora de darle la bienvenida al invierno;  sobra el aire frío que obliga a los transeúntes a cubrirse con chompas, bufandas, gorros y zapatos cerrados.

Pero no sólo eso llama mi atención, sino también la fila de gente que espera ansiosa por comer un generoso plato de arroz con pollo, papa a la huancaína, chanfainita, ´cau cau´, tallarines rojos o verdes, carapulca, frejoles con seco o todo junto en un mismo plato, sin olvidar un suculento caldo de gallina con presa y un huevo entero, porque si es caldo sin presa o caldo sin huevo el precio no es el mismo y ni que decir del sabor.

Así de exquisito es el mercado de Balconcillo, entre las avenidas Canadá y Palermo, en el peculiar distrito de La Victoria.

Mercado de Balconcillo

Es increíble la destreza y el gusto con el que comen, imaginando que todos los que vienen aquí son diestros, me he dado cuenta que todos tienen el mismo sistema para tomar su caldo de gallina, con la mano izquierda tomas la presa, la cual casi siempre es pierna, porque sale más barato, desde el hueso y la muerdes tratando de coger la mayor cantidad posible, con la mano derecha una cuchara  que se llena de fideos y cebolla china flotando sobre el líquido, finalmente todo se mezcla en la boca y se saborea con total satisfacción.

De pie al lado de la cocinera, desde su cintura hasta su cabeza está la olla, las siete ollas, las hay grandes, medianas, pequeñas, todas calientes, de todas sale humo  que empaña los anteojos de la muchacha que sirve, hija de la cocinera exitosa que contemplan mis ojos.

En teoría una banca de madera, larga alcanza para cuatro personas, si formamos una ´L´ con dos bancas deberían alcanzar ocho, pero no, sólo alcanzan siete personas, porque el peruano no siempre tiene la misma contextura, recordemos la mixtura que tenemos todos, utilicemos aquel viejo cliché “quien no tiene de inga tiene de mandinga”.

En lugares como este hay varios tipos de personas, las amas de casa expertas, las recién casadas, las caseras que venden todo rebajado, los esposos testarudos, los que sólo sirven para cargar las bolsas, los que sólo proporcionan dinero sin decir una sola palabra, trabajadores niños, jóvenes y adultos, incluso hasta adultos mayores, todos bajo un mismo techo, el mercado de Balconcillo, por donde hoy dimos un paseo.

Mirar a través de los ojos de toda esta gente, es una tarea sumamente difícil, saber lo que piensa el que está a tu lado en estos momentos es imposible, tampoco es sencillo entendernos unos a otros, pero si hay algo que nos une a todos es ese gusto de ser peruanos, de disfrutar nuestras tendencias, la comida, de la gente, de nosotros mismos.

Ese privilegio que no elegimos y sin embargo nos ha sido dado, es un premio, y qué se supone debemos hacer con un premio, lo lógico, disfrutarlo.

El humo de los autos y el ruido de estos mismos no me permiten disfrutar del lugar donde me encuentro, al que con sólo S/. 1.50 soles me he permitido llegar, cerca al callejón de las siete puñaladas, por donde nadie prefiere caminar, en plena avenida Angamos, en Surquillo, junto a SEDAPAL, se encuentra mirándonos nuestro siguiente punto, el mercado de San Felipe.

Esta vez no pude madrugar para ver despertar a la gente y con ellas al mercado, preferí averiguar quiénes van a la hora de almuerzo, para que no sea tan repetitiva la situación, porque creo que a pesar que cada mercado tiene su particularidad, también tienen todos algo en común, una de esas cosas es que son mercados.

El mercado de San Felipe recibe clientes de todas las edades

A eso de las dos de la tarde, llegué, de pie en un grifo frente a él, en esta avenida donde la gente y los carros hacen caso omiso al semáforo y como la verdad tenía hambre me uní a ellos y crucé cuando pude y no cuando debí, pero estoy segura que nadie lo notó. Usualmente  no lo hago.

Al entrar y visualizar de derecha a izquierda, vi que había de todo un poco, pero ningún lugar para comer, vi a la gente pasar, empujarse, escupir, estornudar, mirarse, mirarme y caminé en busca de mi objetivo, casi a la mitad del pasaje, la patilla de mi ojo vio gente sentada y mi olfato hizo voltear mi mirada hacia la izquierda, siete puestos donde comer.

Ahí van las siguientes similitudes, todas las cocineras son gorditas, todas sonríen mientras creen que nadie las ve, luego son serias a más no poder, dan tres, cuatro, cinco o seis vueltas alrededor de su cocina y no se marean, y lo más importante para la barriga de todos sus clientes, son bastante generosas al servir y al cocinar.

Algunos lugares como el de cebiche ya estaba  despidiéndose de los clientes, pues fue el que más rápido se terminó, en cambio los demás seguían sirviendo a diestra y siniestra, menos un puesto pequeño, donde sólo entra una banca para tres personas, esas tres personas eran mujeres, una terminó y se fue, vino otra, luego una de menor estatura se bajó de la banca con dificultad y se fue también y vino otra más.

Durante el tiempo que estuve ahí, no hubo un solo hombre que se sentase a comer, ante la curiosidad me acerque y conmigo un vigilante, vestido de marrón desde los pies hasta el cuello, le dio una moneda de S/.5 soles y le entregaron una bolsita verde, averigüé, se llamaba ´bijao´, hoja de los árboles de plátano más pequeñas con las que envuelven los Juanes para mantenerlos calientes.

Hasta el momento, no entiendo por qué no comían hombres ahí, la dueña del puesto me dijo: “porque las mujeres saben apreciar lo que es bueno señorita”, con dejo selvático, no le refuté, puede que tenga razón.

De entre todos los puestos, me animé por el suyo y comí un ´Inguiri´ (plátano dulce sancochado), delicioso. Desde el codo hasta la

Juanes envueltos en bijao. Mixtura en el mercado San Felipe

muñeca, grandes, gordos, y buenísimos. Durante el paseo, vi a familias enteras almorzando ahí, vi como una esposa le decía a su marido con voz amenazante:

–        “siéntate aquí y traga tu comida, luego te vas a ver el fútbol, carambas”.

El esposo fiel al castigo, se mantuvo sentado y comiendo sin decir ni un suspiro. A eso le llamo poder femenino.

Pude apreciar también la habilidad de las mujeres para el cuidado de los niños cuando observé a un papá intentado darle de comer a su hijo de apenas tres añitos, sin éxito claro está, pues la mamá al volver, le hizo comer en un dos por tres sin derramar una sola gota, en su lugar, porque los demás lugares si se ensucian con facilidad.

El par de tapones mentales que tenía en la nariz no me permitían continuar en el lugar, menos después de haber comido, y no podía seguir viendo comer, tenía una mezcla de pollo con papas fritas, lomo saltado, pollo broaster, lo aquí es comida extranjera y un éxito entre los niños, además de gran inconveniente para las mamás, estofado, pollo a la olla, tallarín con carne, papa a la huancaína, sopa de casa, que debería ser sopa de puesto, porque no es de ninguna casa, bueno será la casa de la señora del puesto, ese nombre no me convence mucho, pero en fin, es su sopa no la mía; pescado frito, doncella, palometa, estas dos últimas jamás supe qué eran, ni quise preguntar, tacacho, juanes de yuca con ´paiche´, ´inchicapi´ y cebiche.

La creatividad peruana es increíble. Entendí muchas cosas, la forma de comer de las personas, la habilidad de las mujeres, cómo gritarle a un hombre para que obedezca, como servir generosamente y lavar los platos por docena, cómo cruzar la pista obviando el semáforo, lo que no entendí es quién le puso nombre a todas las comidas que disfrutamos día a día, eso es lo que me faltó averiguar, pero creo que la respuesta no la encontraré en los mercados, ya que nadie me supo responder.

 

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Campeonato de Circuito Turismo Competición 2012 en La Chutana

Los protagonistas fueron en la categoría TC 2000 Mario Hart, TC 1600 Erick Gilabert y la TC Light Mauricio Paredes.

Por Gabriela Prado

Después de tres mangas durante la competición,  tras una reñida disputa y a pesar del golpe en la primera manga Mario Hart venció a

Ganadores de la Primera Fecha del CCTC

Christian Kobashigawa en la TC 2000. El tercer puesto lo obtuvo José Pineda quien completó la premiación en la categoría turismo Competición 2000.

Este año compiten más de 30 autos, a diferencia del año pasado y en esta Primera Fecha del Campeonato Nacional de Circuito Turismo Competición, el piloto Mario Hart nos comenta sus deseos de ganar durante todo el año en las próximas jornadas a desarrollarse el 23 y 24 de junio en el autódromo de La Chutana (Km 50.5).

Por la categoría Light compitieron: Henry Stening – 63, Mauricio Paredes – 66, Jimmy Tamashiro – 67, Francisco Bordo – 71, Ricardo Lombardi – 72, Atilio Castagnino – 77, Jorge Cardeña – 79, José Sócola – 82, Miguel González – 84, Raúl Jaen – 85, Víctor García – 87, Gerald Oropeza – 94, Renzo Casanova – 97, Negel Pinchi – 98.

Erick Gilabert, Primero en una nueva categoría TC 1600

 

Erick Gilabert

Después de ganar en los últimos dos años el CCTC en la categoría Light decide dejarla y competir en TC 1600, sobre el Honda Civic ex-Bertello, lo acompañaron Ricardo ´Ruco´ Rocha, con un Toyota Levín preparado en Trujillo por Miguel Mori, junto a ellos César Oré en un Integra DC2 quien inició su paso del karting senior a los autos.Erick inicia su debut en esta categoría con una victoria frente a Paolo Zani – 43, Enrique Seibt – 45, Ricardo Flores – 47, Ricardo Rocha – 48, Cesar Oré – 55, Carlos Nieves – 59.

Nos comentó que su afición data desde muy pequeño cuando sus tortas de cumpleaños eran de carros. Estuvo acompañado con su esposa y su hijo, quienes celebraron la victoria junto a Gilabert.

Su siguiente reto será la TC  2000, pero indica competirá dos años más en la 1600 y después irá por un reto mucho más grande.

 

 

 

Mario Hart

Por su parte,  Hart había sido golpeado por atrás por Pineda en la primera curva de la carrera, sufriendo un trompo y un posterior despiste, regresando a la pista en la última ubicación. Durante las quince vueltas de la carrera número uno Mario se fue con todo a la caza de los de adelante culminando la prueba en el cuarto lugar.

La segunda y tercera competencias fueron de su dominio absoluto, sumó 25 puntos sobre los 24 de ‘Koba’ y los 17 de Pineda.

Mario Hart, continúa acumulando éxitos

“La emoción que siento es inmensa. Comenzamos el año con una intensa pretemporada para llegar lo mejor preparados par

a hoy. Me quedé sorprendido de ver las tribunas repletas de espectadores coreando mi nombre, con pancartas, serpentinas y posters. Nunca había latido mi corazón tan fuerte como esta tarde. Mi agradecimiento a cada una de esas personas que llegaron a La Chutana para alentarme. Fue simplemente un sueño hecho realidad y a ellos les dedico este triunfo” indicó Mario Hart quien llegó con una comitiva del programa Combate, quienes lo alentaron durante toda la competición.

La próxima jornada se desarrollará el 23 y 24 de junio en el mismo escenario. “Quiero agradecer al equipo, a mis mecánicos y sobre todo a Ayrthane, Ciclón, Portocarrero Frenos, Germsa, Liqui Moly. Oakley, TW Steel, Gangper, CNP y CSAV por su apoyo y confianza. Sin ellos nada de esto sería posible.”

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Publicidad, la televisión y los niños

Jamás juntes publicidad nociva, un niño y un televisor donde pueda verla. A veces resulta difícil, porque por años nadie ha regulado la televisión, muchos hemos crecido viendo de todo un poco y poco de todo cuando ya no teníamos más tiempo. Y ahora, ¿qué ocurre ahora? ¡Ahora pues!

Por Gabriela Prado

La mayoría de publicidades no tienen filtro de horario

La televisión es un excelente distractor y también un gran manipulador de emociones, usos y costumbres. Por ello es mejor regular las publicidades.

Actualmente se regulan los horarios de emisión de programas, pero las publicidades son emitidas dependiendo de cuánto dinero hayan invertido, en el programa con más ´rating´, sin importar su contenido.

A inicios de año, el Ministerio de Salud, frente a resultados tan preocupantes sobre índices de obesidad (9% de niños entre 5 y 9 años) y sobrepeso (15,5%) propuso asignar un impuesto adicional para el consumo de la comida chatarra, creyendo así que disminuiría su consumo. Sin embargo, al conocer la magnitud de las publicidades por televisión, parece complicada la competencia.

42 horas mensuales de publicidad sobre alimentos 0% saludables. Son casi 200 comerciales diarios entre gaseosas, chicles, caramelos, comidas rápidas, entre otras delicias que todos comemos más de una vez por semana.

A pesar que expertos en publicidad indican que eso se soluciona rápidamente con campañas no tan perjudiciales frente a los ojos de ANDA (Asociación Nacional de Anunciantes) lo que resultaría difícil es controlar el marketing en general.

La inversión, asciende a 11 millones de dólares al mes, durante el horario de mayor concurrencia. Los niños y jóvenes ven en la televisión diversos programas, de estos el 36% son de comida poco saludable.

21,6% de niños tienen desnutrición crónica

 

Un Objeto

Un niño, se convierte en impulsador de la venta, ya que influye en los adultos quienes son los compradores finales. Las publicidades se valen del criterio de valoración, es decir, condicionan el ser mejor o peor si tienen o no un producto. Es decir, manipulación en su expresión más clara.

A pesar que las cifras con realmente alarmantes: 8,2% de niños menores de 5 años sufre de sobrepeso, por mala alimentación, influida o no por la publicidad. Lo que es innegable es que influenciados están.

21,6% de niños tienen desnutrición  crónica. 46,6% entre los seis meses y tres años tiene anemia crónica. En la serranía es 55%.

Si bien ´las manos a la obra´ se movieron a raíz del aumento de los índices de obesidad en nuestro país, aún podemos revertir la situación.

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Gastronomía, Lima y otras cosas que sorprenden

El ´boom´ gastronómico está a punto de convertirse en capital de la gastronomía en nada menos que nuestra capital. Lima la horrible, no lo será tanto después de todo.

Por Gabriela Prado

El Perú se caracteriza por su diversidad, la que se refleja en los climas, en las regiones, en el idioma, y no podía ser la excepción la comida. Por ello, la comida peruana es la más variada de América Latina.

Isabel Alvarez en la sección ´buffet´de ´El Señorío de Sulco´ en Miraflores

Los motivos, se han ido gestando a través del tiempo y consolidándose con la sazón de muchos cocineros que dentro y fuera de nuestro país le han mostrado al mundo hasta donde podríamos llegar.

Isabel Álvarez Novoa, socióloga, chef y comunicadora social. Empresaria, dueña del restaurante ´Señorío de Sulco´ de Miraflores, nos enseña un poco de lo que significa ser peruanos gastronómicamente hablando. “Un viaje al interior del país me permitió conocer secretos culinarios de cada región que visitaba”,  haciéndose presa de lo que ella llama cultura gastronómica, la cual se encuentra en auge actualmente, aunque no en su máxima proporción, señala.

Si bien es cierto, la gastronomía tiene un toque de creatividad, llevar la sociología a la cocina, no ha de ser tarea fácil. Este reto, que en lugar de representar una tarea, representa una emoción afectivo-cultural de cómo hacer cocina, lo que para Isa, como la llaman sus amigos, se da sólo en cocinas familiares, dentro de las prácticas cotidianas, de los pueblos, como es muy común en Latinoamérica, nos cuenta Isabel.  Su madre Julia Novoa, fue la base en toda esta travesía gastronómica.

El objetivo que busca Isabel es la revalorización de los platos típicos, insumos nacionales y sus nuevas creaciones, así como buscar una identificación del público con lo nuestro. Estos son los puntos claves para el trabajo de Isabel, que inició su madre, asimiló ella y ahora sus hijos, Cusi, Nicolás y Flavio,  la apoyan en este concepto de mostrar la biodiversidad del Perú al mundo, porque no basta con llenar el estómago, sino también es necesario llenar el imaginario, tema que está tratando en su nuevo libro en el que trabaja día y noche, del que prefiere no dar adelanto, pues asegura que está a punto de terminar y prefiere esperar a que lo lancen al mercado.

Esto marca una diferencia en las cocinas regionales del Perú, mediante políticas claras, regionalmente hablando, entender el desarrollo de la cocina ligada al turismo, a la educación, generando fuentes de ingreso, además de innovaciones, fusiones y estudios posteriores.

Isabel Alvarez, promotora de la cocina novoandina en el Perú

Además de ser biodiversos, tenemos influencia externa como la Japonesa, China y Árabe. Nos pone como ejemplo a la uva quebranta que la trajeron los españoles, pero con el tiempo se fue modificando, acoplando al clima, a la zona y a la tierra, fermentándose y convirtiéndose en aguardiente de uva y posteriormente en Pisco, palabra que significa pájaro en quechua. Trago típico peruano que con el pasar de los años ha tenido sus derivados como el acholado, Italia y la sangría, y que a pesar de sus variaciones sigue siento 100 % peruano.

Conocida como el cultivo madre, la papa, no es sólo el tubérculo extraído de los ejercicios de agricultura, sino es una cultura andina, no agricultura como un oficio de domesticación, supone una actitud cultural, casi 8 mil años de la papa. Así como ésta hay otros como el zapallo loche, los ajíes, etc. Que hacen de nuestra cocina una de las diez mejores a nivel mundial.

Para la Municipalidad de Lima, convertir la capital del Perú en capital gastronómica de América estará enfocada en factores claves mejores infraestructuras, estándares de calidad y mayor circuitos y ferias gastronómicas. Por ello, están enfocándose del 19 al 22 de Mayo en la XIX edición de Perú Travel Mart, donde las autoridades aprovecharán para fundamentar porque deberíamos ser el centro gastronómico de América.

Al evento acudirán personajes importantes del turismo internacional, periodistas de Brasil y España, a quienes se les mostrarán nuestras mejores virtudes. El Perú ya pasó el Boom gastronómico, ahora, al parecer, no solo quieren verlo pasar, sino ser partícipes de lo que se viene.

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‘Asencíllame pe, varón’: historias de combi

Muchos dicen que las combis son el reflejo del Perú: gente de todas las edades, géneros y colores, música para todos los gustos, desorden, olores, sabores, etc. Cada día, esos hombres que durante más de catorce horas – en algunos casos, seguidas – transitan y copan las avenidas y calles de nuestra caótica capital, son los que, a regañadientes, trasladan al respetable pasajero a sus destinos por unas cuantas monedas.  

Lima nunca duerme y algunas combis tampoco. Existen los que hacen servicios especiales, los que abarrotan de pasajeros sus unidades, como si se tomaran a pecho el querer batir el récord Guinness de personas en un auto; los que cobran ‘una chinita’, los que no respetan el medio pasaje, los que te ‘trabajan a la boquilla’, los no llevan parados, los que admiten ‘solo peladitas’, los veteranos del volante, los chibolos del guerrazo.

Por: Diego Ferrer

Son las seis de la mañana. Como escribió Julio Ramón Ribeyro para uno de sus más famosos cuentos, los gallinazos sin plumas aparecen como a una misteriosa consigna; sin embargo, en nuestros tiempos, los gallinazos no son los únicos moradores en las fantasmales calles que se despiertan de una resaca de nunca acabar.

La combi: el medio de transporte más usado (e informal) de Lima.

Los choferes de las combis pululan mientras los cobradores van clasificando las monedas o “sencillo” que emplearán para dar los respectivos vueltos. En las esquinas, algunos pasajeros legañosos se frotan los ojos, se soban las manos y levantan los brazos para que la combi los recoja. Los conductores y sus colaboradores se encuentran de pie, en algunos casos, desde las cuatro y media de la mañana. Es común escuchar emisoras transmitiendo salsa, chicha, cumbia o noticias en AM.

Germán Arroyo Ruiz lleva más de veinte años al volante y casi treinta en el negocio del transporte público urbano. Los primeros siete años de su carrera, se la pasó como cobrador. Según ‘Arroyito’, como lo conocen los demás choferes de su camada, su etapa como recolector de dinero y repartidor de boletos, fueron bastante difíciles: “En ese entonces trabajábamos con esos buses grandotes, que llevaban más de doscientas personas en cada viaje. Tenía que cuidarme de los graciosos que querían cabecearme (estafarme), aprovecharme de los recién bajaditos o somnolientos para cobrarles demás y estar atento a los policías, que paraban los buses para buscar terrucos. No era fácil, chino”.

En la época de Fujimori, el ingreso de los vehículos coreanos conocidos e institucionalizados como combis, significaron una gran oportunidad para todos aquellos que querían expandir el negocio. ‘Arroyito’ contaba entonces con algunos ahorros y con la ayuda de un préstamo bancario, se financió su primera unidad. “Aún recuerdo mi primera combi. Era una Hyundai que corría rico y que me duró más de siete años. La revendí y me compré ésta, que ya está viejita; pero que aún sirve.” Carlos Sotelo Quispe, más conocido como ‘Torito’ – por su nariz, según él mismo – es el cobrador de ‘Arroyito’ desde hace tres años. Ambos peinan y barren con toda la ruta Callao – Surco al ritmo de la salsa dura de Héctor Lavoe. Según ambos, ‘El Cantante de los cantantes’ es quizá lo que hasta ahora ha fortalecido la relación laboral que mantienen.

Día a día, las combis se llena como latas de atún.

‘Torito’ no terminó la secundaria porque de joven era un alumno repitente y cuando por fin se decidió a terminar, le tocó ser  papá en el último año de la nocturna. Las deudas y la presión de la familia lo obligaron a ‘recursearse’ como cobrador. “Un día llegué a la estación para pedir trabajo. Uno de los choferes me dijo que el tío ‘Arroyito’ se había quedado sin cobrador, que vaya a hablar con él. Cuando fui, estaba escuchando ‘Barrunto’ de Héctor Lavoe. Le hablé y me dijo que me iba a probar un día. Sigo chambeando con él hasta ahora.”

‘Acme’ es el apodo de Demetrio Cucsa Velarde. Lleva trabajando como cobrador casi diez años. Llegó al negocio como todos: por necesidad. ‘Acme’ laboraba como despachador en el puerto de El Callao; sin embargo, la empresa quebró y se quedó sin empleo. Desesperado, pues tenía que pagar el colegio de sus hijos y el alquiler de su precario cuarto, se contactó con un primo que trabajaba para la línea Ventanilla – Santa Anita y le pidió trabajo. En menos de un mes, ‘Acme’ era un destacado cobrador, que aparte de estar siempre bien uniformado, maneja la jerga propia de los transportistas, manteniendo así una comunicación constante con el chofer de la actual unidad en la que labora.

“Asencíllame pe, varón, apeguese al fondo y pie derecho, pie derecho”, son algunas de las simpáticas frases que Cucsa utiliza para ordenar a los pasajeros en el día a día. Sobre las coimas que muchas veces han tenido que pagar, Simón Soria Reynoso, chofer de la unidad en la que ‘Acme’ trabaja, manifiesta que cada vez los policías abusan más. “Antes te pedían cinco luquitas y era suficiente. Ahora, piden de veinte para arriba y te dicen que es para que evites las arrugas.”

‘Arroyito’ evita ir al Callao pasadas las ocho de la noche. Dice que las calles se ponen movidas desde las siete y que los chibolos siempre quieren ganar. Después de las diez y media de la noche, las tarifas nunca se respetan. Tanto ‘Acme’ como ‘Torito’ lo saben.

Es común que ambos pidan cincuenta céntimos más a los pasajeros, aduciendo que son el último carro, que a partir de las once no hay medio y que todos están pagando su pasaje. Incluso avisan antes de subir, para que después no haya reclamos. ‘Tengo que madrugar (sorprender) a la gente, sino después no quieren pagar y nosotros perdemos; además, todas las combis suben los precios y no quieren subir a los universitarios porque reclaman mucho y pagan poco’, manifiesta Carlos Sotelo.

Los lechuceros o combis que trabajan especialmente de madrugada, solo cubren unas pocas rutas específicas. Las que cubren el tramo Javier Prado – Independencia son una de las pocas lechuceras, que casi siempre transportan pasajeros en estado de ebriedad o que laboran de madrugada. Por un sol cincuenta o dos soles, estos bólidos te transportan en cuestión de minutos de un polo a otro. Los choferes nocturnos prefieren la madrugada porque hay poco tráfico, pocos policías y muchos pasajeros que pagan lo que les piden con tal de llegar a sus casas o lo más cercano posible a ellas.

Mientras exista el caos y el desorden en nuestra capital, las combis seguirán poblando las pistas, reventando de gente, transportando pasajeros con temeridad y nuestros protagonistas seguirán ‘asencillando’ en cada paradero.

 

     

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Las notas de la vida: Guillermo Sandoval y el arte como filosofía

Por: Diego Ferrer

Guillermo Sandoval Vinces, artista y compositor peruano.

Mi vínculo con la música viene desde la niñez. Cuando era pequeño, mi padre solía llevarme en el robusto Ford Escort blanco del 87 que teníamos, a cada uno de los puntos que debía visitar como supervisor general de una empresa local de seguridad. En cada trayecto, ponía en la casetera de la radio del viejo auto, una cinta distinta. Recuerdo el color naranja chillón complementándose con la imagen azulada de tres tipos escondidos detrás de lentes oscuros marca ray ban: eran los integrantes de ‘The Police’. También recuerdo a una esbeltísima mujer que tenía una sonrisa angelical, cabello marrón risado y brillante; a su lado, estaba un hombre de cabello rubio que sonreía también, sentado en un piano: eran los hermanos que formaban el grupo ‘The Carpenters’. Cada vez que mi padre se bajaba, yo me quedaba encerrado entre los asientos azules del Ford, jugando con las perillas de la radio. Siempre escuchando música, esa música que se fue metiendo muy dentro de mí y que ha marcado mi personalidad.

Sin embargo, nuestro gusto por la música viene desde antes; es casi una cuestión hereditaria. Mi tatarabuelo, el primer Ferrer en el Perú, llegó a las costas de Ecuador en una fragata española. El menudo Hilario Ferrer era un bajito y cobrizo violinista que llegó a Sudamérica y que nunca más regresó a su país.

Don Guillermo – a pesar de su casi total ceguera – aún toca la guitarra con maestría.

Al igual que yo, Guillermo Sandoval también desarrolló su gusto por la música desde pequeño. Su padre tocaba la guitarra y el pequeño Memo presenciaba el espectáculo embelesado. Tenía ganas de coger el armonioso instrumento de madera, tenía ganas de acariciar las seis cuerdas como si acariciara el terso lomo del ‘Moro’, el caballo de su abuelo. Don Guillermo cuenta que su padre solía largarlo cuando advertía su presencia; decía que los jóvenes se perdían en la música, en alusión a la bohemia.

Como todo buen artista de la vieja escuela, es un romántico empedernido, un poeta enamorado de su tierra y sus recuerdos, un anciano alegre con apariencia de sabio. Sus ojos claros y cansados divagan en el ambiente mientras me acomodo para entrevistarlo.

“Me llamo Segundo Guillermo Sandoval Vinces, nací en el fundo de San Agustín, propiedad de mis abuelos. Esto queda en el pueblo de Querecotillo, en Sullana, Piura”. Nació un 9 de diciembre de 1924. Luego me hace una revelación asombrosa: el viejo compositor sería descendiente del genio Leornado Da Vinci, ya que según su abuelo, el apellido Vinces es la forma castellanizada de Da Vinci.

Actualmente, Sandoval tiene 87 años: sus manos ya no son las mismas de hace veinte años. Las veo temblar por momentos, la edad no pasa en vano. El viejo músico se queja de la ceguera que padece: “Desgraciadamente, ahora ya no puedo escribir porque me han dejado ciego en el seguro”. Don Guillermo dice que en el hospital Alberto Sabogal Sologuren de La Perla, perteneciente a EsSalud, le operaron –  negligentemente – el ojo con el que mejor veía en vez del que tenía mal.

Los primeros años

El primer instrumento musical que el viejo compositor tuvo, fue un rondín alemán, más conocido como armónica, que le regalaron por navidad. Era el juguete preferido de ‘Guillermo el pequeño’, apodo que le puso su abuelo por ser el último de los Guillermos. En ese entonces, todos los varones debían llamarse Guillermo, como el abuelo; y si eran mujeres, debían llamarse como la abuela.

El artista es socio de APDAYC.

Cogió por primera vez la guitarra –el único instrumento que domina con maestría- cuando terminó de estudiar secundaria, a la edad de 15 años. Como jugando, Don Guillermo comenzó a imitar las notas de ‘Cielito lindo’, el tema favorito de su padre, quien siempre interpretaba la canción en el fundo de San Agustín en Querecotillo, Sullana; y que el pequeño siempre observaba. Un día, su padre se quedó escuchando la canción que su hijo estaba ensayando: era ‘Cielito Lindo’. El joven estaba concentrado, tocando la melodía. De pronto, escuchó unos aplausos y se asustó. Vio a José Santos Sandoval aproximarse y se temía lo peor: un resondrón de padre y señor mío, sin embargo, su progenitor lo felicitó y le pidió que lo disculpara por no haberle enseñado el arte de la guitarra antes.

Pero no sería hasta después de casi diez años que Guillermo Sandoval compondría su primera canción. Comenzó a aprender, de manera autodidacta, acordes y escalas musicales. Hizo de las triadas (técnica que combina tres notas que forman un acorde), las quintas y las séptimas su mejor arma.

Cuando tenía 25 años, un joven Guillermo Sandoval llegó a Lima por primera vez. Estaba dispuesto a ganarse la vida en la capital y utilizó otra de sus mejores armas: el dibujo. Vivía en El Callao y un día, tomó una vieja línea que se mantiene hasta el día de hoy: la línea número 2. El bus lo traía hasta su casa y se malogró en el camino, en el distrito de La Perla. El muchacho se bajó frente a la puerta del colegio militar Leoncio Prado. Se fijó en un soldado que observaba el horizonte desde uno de los torreones de vigilancia y su curiosidad le dictó siguiente pregunta:

–          ¿Qué es esto?

–          El colegio militar Leoncio Prado

Partituras manuscritas por Guillermo Sandoval.

Se acercaba un oficial. Guillermo lo miró sin gesto alguno. El uniformado se fijó en los dibujos que llevaba dentro de una caja de leche gloria. Le compró dos, a siete soles cada uno. El joven dibujante le preguntó quién era el jefe y recibió por respuesta un nombre que cayó del cielo: “El director es el coronel Blondet y el subdirector es el comandante Castañeda” Al muchacho le sonó el nombre Castañeda: era un viejo amigo de su padre. Lo demás es historia. Luego de una larga conversación con Castañeda y de recordar sucesos del pasado, nuestro protagonista obtuvo el puesto de dibujante en el colegio. Sin imaginarlo, estaba asegurando su futuro como profesor y cortándole las alas a su carrera como músico.

Trabajó en el colegio militar Leoncio Prado durante más de 25 años. Cuando le pregunto por qué no se dedicó de lleno a la música, me dice que sus labores como profesor de dibujo (en un primer momento) y de guitarra, además de la manutención de su familia no le dejaba el tiempo suficiente para poder dedicarse a realizar su propia música. “Tenía que llegar al colegio temprano y si le dedicaba tiempo a la música, me podía perder”, recuerda Don Guillermo. Llevaba el consejo de su padre desde que lo oyó y hasta el día de hoy, no lo ha olvidado.

Uno de los  hijos de Don Guillermo escucha atentamente la entrevista. Está pendiente de las respuestas de su padre. El anciano le pide que traiga un folder de su cuarto, en el segundo piso. La tarde va cayendo en el distrito de La Perla. David, el segundo de los varones de la prole de Sandoval, baja con el encargo. Me alcanza el folder y encuentro una carta dirigida a Ruly Castro Ávalos, director y voz principal de la orquesta de cumbia ‘Agua Marina’ y seis partituras acompañadas de letras de canciones. Todas compuestas por Don Guillermo.

“Agua Marina grabó mi tema ‘Ahí estaré’ en versión cumbia. La tocan desde hace casi diez años”. El pasado sábado 12, dos de los hijos del Sr. Sandoval asistieron a una presentación del conjunto de Sechura para alcanzarle la copia del folder que tenía en mis manos. Al parecer, Don Guillermo se ha resignado a la edad y a la ceguera que padece.

Cuando le pregunto a quién le dejará su legado musical, contesta que se lo dejará a sus hijos. De pronto, una sonrisa se dibuja en su rostro de papel crepé. Visiblemente entusiasmado, me habla de Israel, su pequeño nieto, quien al igual que Don Guillermo, es un niño que muestra interés en la música a pesar de sus cortos cinco años. Sandoval me dice que Israel le recuerda su infancia: se ve a él mismo, cuando contemplaba a su padre. A diferencia de ese entonces, el compositor le dice a su nieto que no puede enseñarle ahora debido al tamaño de sus deditos.

El nacimiento del compositor

Guillermo Sandoval sonríe, la música lo mantiene vivo.

Cuando cumplió 26 años, a Sandoval le pasó una anécdota que sería fundamental en su carrera. Me cuenta que un día, se acercó a la peluquería interna del colegio. Vio una guitarra y quiso tocarla. Los peluqueros no querían que toque porque temían que los encuentren haciendo bulla, distrayéndose de sus labores, pero el joven Guillermo hizo caso omiso y empezó a tocar el instrumento. Los peluqueros advirtieron que dos profesores se acercaban y le dijeron a Sandoval que deje la guitarra. El dibujante dejó el instrumento, pero era demasiado tarde. El profesor Alcides Carreño, quien dictaba el curso de música en el colegio, preguntó quién tocaba la guitarra. Los dos peluqueros se miraron, haciéndose los locos y señalando con una conjunta mirada inquisitiva a Sandoval. El joven Guillermo miró a los presentes y casi con resignación aceptó los cargos. “Yo” respondió, esperando una llamada de atención. Pero Carreño le pidió que toque una vez más la melodía que estaba interpretando. El joven cogió la guitarra y empezó a tocar ‘De la nada’, una melodía española de Isaac Albéniz. Carreño le preguntó al muchacho si sabía de música, si conocía la teoría musical. Sandoval negó con la cabeza y respondió que él tocaba al oído y le explicó que él tocaba porque sí, porque era autodidacta. Le propusieron enseñar música y él se negó. No se sentía capaz de poder enseñar algo que no sabía y lo enviaron a estudiar música durante seis meses en una escuela de música del Centro de Lima.

“La música es un lenguaje” me dice, casi como si me contase un secreto. Desde aquel día, Guillermo Sandoval aprendió el bello y complejo arte de componer música para guitarra. Durante más de 50 años, se ha dedicado a hilvanar las notas sus canciones. Y es que mezclar las notas en el pentagrama no es cosa sencilla. Hay que tener gusto, hay que ser atrevido.

–          ¿A qué edad compuso su primera canción en partitura?

–          Cuando tenía 26 años. Ya estaba enamorado de mi mujer.

–          ¿Y cuántas canciones ha compuesto en total?

–          Entre 25 y 35 canciones.

Don Guillermo es miembro de la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC) y me cuenta que no fue fácil entrar. En un primer momento, lo rechazaron como miembro. Cuando ya se había dado por vencido, lo llamaron de la institución y lo hicieron socio número 1802.

“Arte es lo que el espíritu ve y materializa”. El concepto de arte de Don Guillermo es casi metafísico, es el concepto de un hombre que ha hecho del arte su vida, su virtud y su mejor manera de expresar lo que siente y lo que piensa.

Don Guillermo Sandoval aún sigue componiendo. Su última composición ha sido una salsa llamada “La reina del palmar”. Lo sorprendente es que la ha escrito estando casi ciego. A manera de remate, me deja una frase que me deja pensando: “Yo estoy seguro de que voy a volver a ver”.