Deja un comentario

´Agachaditos´, mixtura en los mercados

Por: Gabriela Prado Viera

Son las 9:06 de la mañana, no hay ni un rayo de sol, es evidente que es hora de darle la bienvenida al invierno;  sobra el aire frío que obliga a los transeúntes a cubrirse con chompas, bufandas, gorros y zapatos cerrados.

Pero no sólo eso llama mi atención, sino también la fila de gente que espera ansiosa por comer un generoso plato de arroz con pollo, papa a la huancaína, chanfainita, ´cau cau´, tallarines rojos o verdes, carapulca, frejoles con seco o todo junto en un mismo plato, sin olvidar un suculento caldo de gallina con presa y un huevo entero, porque si es caldo sin presa o caldo sin huevo el precio no es el mismo y ni que decir del sabor.

Así de exquisito es el mercado de Balconcillo, entre las avenidas Canadá y Palermo, en el peculiar distrito de La Victoria.

Mercado de Balconcillo

Es increíble la destreza y el gusto con el que comen, imaginando que todos los que vienen aquí son diestros, me he dado cuenta que todos tienen el mismo sistema para tomar su caldo de gallina, con la mano izquierda tomas la presa, la cual casi siempre es pierna, porque sale más barato, desde el hueso y la muerdes tratando de coger la mayor cantidad posible, con la mano derecha una cuchara  que se llena de fideos y cebolla china flotando sobre el líquido, finalmente todo se mezcla en la boca y se saborea con total satisfacción.

De pie al lado de la cocinera, desde su cintura hasta su cabeza está la olla, las siete ollas, las hay grandes, medianas, pequeñas, todas calientes, de todas sale humo  que empaña los anteojos de la muchacha que sirve, hija de la cocinera exitosa que contemplan mis ojos.

En teoría una banca de madera, larga alcanza para cuatro personas, si formamos una ´L´ con dos bancas deberían alcanzar ocho, pero no, sólo alcanzan siete personas, porque el peruano no siempre tiene la misma contextura, recordemos la mixtura que tenemos todos, utilicemos aquel viejo cliché “quien no tiene de inga tiene de mandinga”.

En lugares como este hay varios tipos de personas, las amas de casa expertas, las recién casadas, las caseras que venden todo rebajado, los esposos testarudos, los que sólo sirven para cargar las bolsas, los que sólo proporcionan dinero sin decir una sola palabra, trabajadores niños, jóvenes y adultos, incluso hasta adultos mayores, todos bajo un mismo techo, el mercado de Balconcillo, por donde hoy dimos un paseo.

Mirar a través de los ojos de toda esta gente, es una tarea sumamente difícil, saber lo que piensa el que está a tu lado en estos momentos es imposible, tampoco es sencillo entendernos unos a otros, pero si hay algo que nos une a todos es ese gusto de ser peruanos, de disfrutar nuestras tendencias, la comida, de la gente, de nosotros mismos.

Ese privilegio que no elegimos y sin embargo nos ha sido dado, es un premio, y qué se supone debemos hacer con un premio, lo lógico, disfrutarlo.

El humo de los autos y el ruido de estos mismos no me permiten disfrutar del lugar donde me encuentro, al que con sólo S/. 1.50 soles me he permitido llegar, cerca al callejón de las siete puñaladas, por donde nadie prefiere caminar, en plena avenida Angamos, en Surquillo, junto a SEDAPAL, se encuentra mirándonos nuestro siguiente punto, el mercado de San Felipe.

Esta vez no pude madrugar para ver despertar a la gente y con ellas al mercado, preferí averiguar quiénes van a la hora de almuerzo, para que no sea tan repetitiva la situación, porque creo que a pesar que cada mercado tiene su particularidad, también tienen todos algo en común, una de esas cosas es que son mercados.

El mercado de San Felipe recibe clientes de todas las edades

A eso de las dos de la tarde, llegué, de pie en un grifo frente a él, en esta avenida donde la gente y los carros hacen caso omiso al semáforo y como la verdad tenía hambre me uní a ellos y crucé cuando pude y no cuando debí, pero estoy segura que nadie lo notó. Usualmente  no lo hago.

Al entrar y visualizar de derecha a izquierda, vi que había de todo un poco, pero ningún lugar para comer, vi a la gente pasar, empujarse, escupir, estornudar, mirarse, mirarme y caminé en busca de mi objetivo, casi a la mitad del pasaje, la patilla de mi ojo vio gente sentada y mi olfato hizo voltear mi mirada hacia la izquierda, siete puestos donde comer.

Ahí van las siguientes similitudes, todas las cocineras son gorditas, todas sonríen mientras creen que nadie las ve, luego son serias a más no poder, dan tres, cuatro, cinco o seis vueltas alrededor de su cocina y no se marean, y lo más importante para la barriga de todos sus clientes, son bastante generosas al servir y al cocinar.

Algunos lugares como el de cebiche ya estaba  despidiéndose de los clientes, pues fue el que más rápido se terminó, en cambio los demás seguían sirviendo a diestra y siniestra, menos un puesto pequeño, donde sólo entra una banca para tres personas, esas tres personas eran mujeres, una terminó y se fue, vino otra, luego una de menor estatura se bajó de la banca con dificultad y se fue también y vino otra más.

Durante el tiempo que estuve ahí, no hubo un solo hombre que se sentase a comer, ante la curiosidad me acerque y conmigo un vigilante, vestido de marrón desde los pies hasta el cuello, le dio una moneda de S/.5 soles y le entregaron una bolsita verde, averigüé, se llamaba ´bijao´, hoja de los árboles de plátano más pequeñas con las que envuelven los Juanes para mantenerlos calientes.

Hasta el momento, no entiendo por qué no comían hombres ahí, la dueña del puesto me dijo: “porque las mujeres saben apreciar lo que es bueno señorita”, con dejo selvático, no le refuté, puede que tenga razón.

De entre todos los puestos, me animé por el suyo y comí un ´Inguiri´ (plátano dulce sancochado), delicioso. Desde el codo hasta la

Juanes envueltos en bijao. Mixtura en el mercado San Felipe

muñeca, grandes, gordos, y buenísimos. Durante el paseo, vi a familias enteras almorzando ahí, vi como una esposa le decía a su marido con voz amenazante:

–        “siéntate aquí y traga tu comida, luego te vas a ver el fútbol, carambas”.

El esposo fiel al castigo, se mantuvo sentado y comiendo sin decir ni un suspiro. A eso le llamo poder femenino.

Pude apreciar también la habilidad de las mujeres para el cuidado de los niños cuando observé a un papá intentado darle de comer a su hijo de apenas tres añitos, sin éxito claro está, pues la mamá al volver, le hizo comer en un dos por tres sin derramar una sola gota, en su lugar, porque los demás lugares si se ensucian con facilidad.

El par de tapones mentales que tenía en la nariz no me permitían continuar en el lugar, menos después de haber comido, y no podía seguir viendo comer, tenía una mezcla de pollo con papas fritas, lomo saltado, pollo broaster, lo aquí es comida extranjera y un éxito entre los niños, además de gran inconveniente para las mamás, estofado, pollo a la olla, tallarín con carne, papa a la huancaína, sopa de casa, que debería ser sopa de puesto, porque no es de ninguna casa, bueno será la casa de la señora del puesto, ese nombre no me convence mucho, pero en fin, es su sopa no la mía; pescado frito, doncella, palometa, estas dos últimas jamás supe qué eran, ni quise preguntar, tacacho, juanes de yuca con ´paiche´, ´inchicapi´ y cebiche.

La creatividad peruana es increíble. Entendí muchas cosas, la forma de comer de las personas, la habilidad de las mujeres, cómo gritarle a un hombre para que obedezca, como servir generosamente y lavar los platos por docena, cómo cruzar la pista obviando el semáforo, lo que no entendí es quién le puso nombre a todas las comidas que disfrutamos día a día, eso es lo que me faltó averiguar, pero creo que la respuesta no la encontraré en los mercados, ya que nadie me supo responder.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: