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Las notas de la vida: Guillermo Sandoval y el arte como filosofía

Por: Diego Ferrer

Guillermo Sandoval Vinces, artista y compositor peruano.

Mi vínculo con la música viene desde la niñez. Cuando era pequeño, mi padre solía llevarme en el robusto Ford Escort blanco del 87 que teníamos, a cada uno de los puntos que debía visitar como supervisor general de una empresa local de seguridad. En cada trayecto, ponía en la casetera de la radio del viejo auto, una cinta distinta. Recuerdo el color naranja chillón complementándose con la imagen azulada de tres tipos escondidos detrás de lentes oscuros marca ray ban: eran los integrantes de ‘The Police’. También recuerdo a una esbeltísima mujer que tenía una sonrisa angelical, cabello marrón risado y brillante; a su lado, estaba un hombre de cabello rubio que sonreía también, sentado en un piano: eran los hermanos que formaban el grupo ‘The Carpenters’. Cada vez que mi padre se bajaba, yo me quedaba encerrado entre los asientos azules del Ford, jugando con las perillas de la radio. Siempre escuchando música, esa música que se fue metiendo muy dentro de mí y que ha marcado mi personalidad.

Sin embargo, nuestro gusto por la música viene desde antes; es casi una cuestión hereditaria. Mi tatarabuelo, el primer Ferrer en el Perú, llegó a las costas de Ecuador en una fragata española. El menudo Hilario Ferrer era un bajito y cobrizo violinista que llegó a Sudamérica y que nunca más regresó a su país.

Don Guillermo – a pesar de su casi total ceguera – aún toca la guitarra con maestría.

Al igual que yo, Guillermo Sandoval también desarrolló su gusto por la música desde pequeño. Su padre tocaba la guitarra y el pequeño Memo presenciaba el espectáculo embelesado. Tenía ganas de coger el armonioso instrumento de madera, tenía ganas de acariciar las seis cuerdas como si acariciara el terso lomo del ‘Moro’, el caballo de su abuelo. Don Guillermo cuenta que su padre solía largarlo cuando advertía su presencia; decía que los jóvenes se perdían en la música, en alusión a la bohemia.

Como todo buen artista de la vieja escuela, es un romántico empedernido, un poeta enamorado de su tierra y sus recuerdos, un anciano alegre con apariencia de sabio. Sus ojos claros y cansados divagan en el ambiente mientras me acomodo para entrevistarlo.

“Me llamo Segundo Guillermo Sandoval Vinces, nací en el fundo de San Agustín, propiedad de mis abuelos. Esto queda en el pueblo de Querecotillo, en Sullana, Piura”. Nació un 9 de diciembre de 1924. Luego me hace una revelación asombrosa: el viejo compositor sería descendiente del genio Leornado Da Vinci, ya que según su abuelo, el apellido Vinces es la forma castellanizada de Da Vinci.

Actualmente, Sandoval tiene 87 años: sus manos ya no son las mismas de hace veinte años. Las veo temblar por momentos, la edad no pasa en vano. El viejo músico se queja de la ceguera que padece: “Desgraciadamente, ahora ya no puedo escribir porque me han dejado ciego en el seguro”. Don Guillermo dice que en el hospital Alberto Sabogal Sologuren de La Perla, perteneciente a EsSalud, le operaron –  negligentemente – el ojo con el que mejor veía en vez del que tenía mal.

Los primeros años

El primer instrumento musical que el viejo compositor tuvo, fue un rondín alemán, más conocido como armónica, que le regalaron por navidad. Era el juguete preferido de ‘Guillermo el pequeño’, apodo que le puso su abuelo por ser el último de los Guillermos. En ese entonces, todos los varones debían llamarse Guillermo, como el abuelo; y si eran mujeres, debían llamarse como la abuela.

El artista es socio de APDAYC.

Cogió por primera vez la guitarra –el único instrumento que domina con maestría- cuando terminó de estudiar secundaria, a la edad de 15 años. Como jugando, Don Guillermo comenzó a imitar las notas de ‘Cielito lindo’, el tema favorito de su padre, quien siempre interpretaba la canción en el fundo de San Agustín en Querecotillo, Sullana; y que el pequeño siempre observaba. Un día, su padre se quedó escuchando la canción que su hijo estaba ensayando: era ‘Cielito Lindo’. El joven estaba concentrado, tocando la melodía. De pronto, escuchó unos aplausos y se asustó. Vio a José Santos Sandoval aproximarse y se temía lo peor: un resondrón de padre y señor mío, sin embargo, su progenitor lo felicitó y le pidió que lo disculpara por no haberle enseñado el arte de la guitarra antes.

Pero no sería hasta después de casi diez años que Guillermo Sandoval compondría su primera canción. Comenzó a aprender, de manera autodidacta, acordes y escalas musicales. Hizo de las triadas (técnica que combina tres notas que forman un acorde), las quintas y las séptimas su mejor arma.

Cuando tenía 25 años, un joven Guillermo Sandoval llegó a Lima por primera vez. Estaba dispuesto a ganarse la vida en la capital y utilizó otra de sus mejores armas: el dibujo. Vivía en El Callao y un día, tomó una vieja línea que se mantiene hasta el día de hoy: la línea número 2. El bus lo traía hasta su casa y se malogró en el camino, en el distrito de La Perla. El muchacho se bajó frente a la puerta del colegio militar Leoncio Prado. Se fijó en un soldado que observaba el horizonte desde uno de los torreones de vigilancia y su curiosidad le dictó siguiente pregunta:

–          ¿Qué es esto?

–          El colegio militar Leoncio Prado

Partituras manuscritas por Guillermo Sandoval.

Se acercaba un oficial. Guillermo lo miró sin gesto alguno. El uniformado se fijó en los dibujos que llevaba dentro de una caja de leche gloria. Le compró dos, a siete soles cada uno. El joven dibujante le preguntó quién era el jefe y recibió por respuesta un nombre que cayó del cielo: “El director es el coronel Blondet y el subdirector es el comandante Castañeda” Al muchacho le sonó el nombre Castañeda: era un viejo amigo de su padre. Lo demás es historia. Luego de una larga conversación con Castañeda y de recordar sucesos del pasado, nuestro protagonista obtuvo el puesto de dibujante en el colegio. Sin imaginarlo, estaba asegurando su futuro como profesor y cortándole las alas a su carrera como músico.

Trabajó en el colegio militar Leoncio Prado durante más de 25 años. Cuando le pregunto por qué no se dedicó de lleno a la música, me dice que sus labores como profesor de dibujo (en un primer momento) y de guitarra, además de la manutención de su familia no le dejaba el tiempo suficiente para poder dedicarse a realizar su propia música. “Tenía que llegar al colegio temprano y si le dedicaba tiempo a la música, me podía perder”, recuerda Don Guillermo. Llevaba el consejo de su padre desde que lo oyó y hasta el día de hoy, no lo ha olvidado.

Uno de los  hijos de Don Guillermo escucha atentamente la entrevista. Está pendiente de las respuestas de su padre. El anciano le pide que traiga un folder de su cuarto, en el segundo piso. La tarde va cayendo en el distrito de La Perla. David, el segundo de los varones de la prole de Sandoval, baja con el encargo. Me alcanza el folder y encuentro una carta dirigida a Ruly Castro Ávalos, director y voz principal de la orquesta de cumbia ‘Agua Marina’ y seis partituras acompañadas de letras de canciones. Todas compuestas por Don Guillermo.

“Agua Marina grabó mi tema ‘Ahí estaré’ en versión cumbia. La tocan desde hace casi diez años”. El pasado sábado 12, dos de los hijos del Sr. Sandoval asistieron a una presentación del conjunto de Sechura para alcanzarle la copia del folder que tenía en mis manos. Al parecer, Don Guillermo se ha resignado a la edad y a la ceguera que padece.

Cuando le pregunto a quién le dejará su legado musical, contesta que se lo dejará a sus hijos. De pronto, una sonrisa se dibuja en su rostro de papel crepé. Visiblemente entusiasmado, me habla de Israel, su pequeño nieto, quien al igual que Don Guillermo, es un niño que muestra interés en la música a pesar de sus cortos cinco años. Sandoval me dice que Israel le recuerda su infancia: se ve a él mismo, cuando contemplaba a su padre. A diferencia de ese entonces, el compositor le dice a su nieto que no puede enseñarle ahora debido al tamaño de sus deditos.

El nacimiento del compositor

Guillermo Sandoval sonríe, la música lo mantiene vivo.

Cuando cumplió 26 años, a Sandoval le pasó una anécdota que sería fundamental en su carrera. Me cuenta que un día, se acercó a la peluquería interna del colegio. Vio una guitarra y quiso tocarla. Los peluqueros no querían que toque porque temían que los encuentren haciendo bulla, distrayéndose de sus labores, pero el joven Guillermo hizo caso omiso y empezó a tocar el instrumento. Los peluqueros advirtieron que dos profesores se acercaban y le dijeron a Sandoval que deje la guitarra. El dibujante dejó el instrumento, pero era demasiado tarde. El profesor Alcides Carreño, quien dictaba el curso de música en el colegio, preguntó quién tocaba la guitarra. Los dos peluqueros se miraron, haciéndose los locos y señalando con una conjunta mirada inquisitiva a Sandoval. El joven Guillermo miró a los presentes y casi con resignación aceptó los cargos. “Yo” respondió, esperando una llamada de atención. Pero Carreño le pidió que toque una vez más la melodía que estaba interpretando. El joven cogió la guitarra y empezó a tocar ‘De la nada’, una melodía española de Isaac Albéniz. Carreño le preguntó al muchacho si sabía de música, si conocía la teoría musical. Sandoval negó con la cabeza y respondió que él tocaba al oído y le explicó que él tocaba porque sí, porque era autodidacta. Le propusieron enseñar música y él se negó. No se sentía capaz de poder enseñar algo que no sabía y lo enviaron a estudiar música durante seis meses en una escuela de música del Centro de Lima.

“La música es un lenguaje” me dice, casi como si me contase un secreto. Desde aquel día, Guillermo Sandoval aprendió el bello y complejo arte de componer música para guitarra. Durante más de 50 años, se ha dedicado a hilvanar las notas sus canciones. Y es que mezclar las notas en el pentagrama no es cosa sencilla. Hay que tener gusto, hay que ser atrevido.

–          ¿A qué edad compuso su primera canción en partitura?

–          Cuando tenía 26 años. Ya estaba enamorado de mi mujer.

–          ¿Y cuántas canciones ha compuesto en total?

–          Entre 25 y 35 canciones.

Don Guillermo es miembro de la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC) y me cuenta que no fue fácil entrar. En un primer momento, lo rechazaron como miembro. Cuando ya se había dado por vencido, lo llamaron de la institución y lo hicieron socio número 1802.

“Arte es lo que el espíritu ve y materializa”. El concepto de arte de Don Guillermo es casi metafísico, es el concepto de un hombre que ha hecho del arte su vida, su virtud y su mejor manera de expresar lo que siente y lo que piensa.

Don Guillermo Sandoval aún sigue componiendo. Su última composición ha sido una salsa llamada “La reina del palmar”. Lo sorprendente es que la ha escrito estando casi ciego. A manera de remate, me deja una frase que me deja pensando: “Yo estoy seguro de que voy a volver a ver”.

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Un comentario el “Las notas de la vida: Guillermo Sandoval y el arte como filosofía

  1. DIEGO.,QUERIDO SOBRINO…TE FELICITO POR TAN HERMOSO Y SENSIBLE TESTIMONIO HECHO A NUESTRO SIEMPRE APRECIADO Y MUY QUERIDO TIO GUILLERMO …EL SE LO MERECE POR TODO EL EJEMPLO DE VIDA QUE ES PARA TODOS NOSOTROS…TAMBIEN ESTOY MUY CONTENTO POR LA EVOLUCION RAPIDA QUE VAS TENIENDO EN TUS ENTREVISTAS Y REPORTAJES…TE FELICITO MUCHO Y ESTAMOS ATENTOS A LOS AVANCES QUE HACES EN TU HERMOSA CARRERA…ABRAZOS…

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