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Del Jockey Plaza al Centro de Lima

“Pisa, pisa, pisa… pie derecho…avance al fondo…´nadies´ baja en el puente primavera ¿no? … avisando con tiempo” Son solo una de las muestras de comunicación que oí dentro del medio de transporte por el que me moví el domingo pasado, la ´combi´.

Por Gabriela Prado

Lima, es un lugar para ser contado, visitado, recordado y cambiado; a veces para reírse a veces para renegar, hay cosas totalmente inverosímiles y tan simples como ir a una oficina de movistar en lugar de llamar al 104 porque se corta la llamada y que te digan que no hay sistema, que el anfitrión te sonría y diga “hágalo por teléfono”, a pesar de haber oído la explicación de lo imposible de la comunicación.

Pero lo más paradójico es que él llame desde el Centro de Servicio, la llamada ya no se corté y respondan nuestra pregunta. Conclusión, para comunicarte con Telefónica, debes ir a un centro de atención, que sólo resuelve consultas y donde no puedes pagar. No uses jamás el teléfono de tu casa.

Jockey Plaza Shopping Center

Estando ahí, un centro comercial donde la vista se pierde con facilidad, no había de otra, inevitablemente pasear por la calle de las grandes marcas, observando gente que sueña con comprarse alguna cosa cara mostrada a través de una luna que separa la realidad de su utopía, niños corriendo, el ´fast food´ lleno (a las 11 de la mañana hay gente en Lima que come grasa).

La consigna, comprar decoraciones para el ´baby shower´ de una amiga de infancia, quien amenazó con hacerlo ella y su panza porque nosotras, sus amigas, no hacíamos nada. Me repetí a mí misma – paciencia y buen humor -.

Una ´combi´ vacía parecía esperarme afuera del Jockey Plaza, subí y me senté en lo que hasta ese momento era mi lugar favorito en la ´combi´, transporte público que últimamente estuve usando en reemplazo de los tan cómodos taxis, el asiento de adelante – craso error – Las calles limpias de La Encalada estaban decoradas con personas corriendo (con la ilusa idea de bajar un poco de peso seguramente corriendo solo los domingos), paseando a sus mascotas, que en su mayoría eran perros, gente de pie en los paraderos y el clásico tráfico, adjetivo incorporado cada vez que mencionamos el nombre de nuestra odiada y extrañada capital.

El camino era largo, me acompañó Milan Kundera y ´La insoportable levedad del ser´, a pesar de esta agradable escolta, no pude evitar darme cuenta de algunos detalles insignificantes si los veía uno a uno, pero que en colectivo significan y forman parte de nuestra cultura… lo que no entiendo es por qué.

Un ´chup´ de fresa comprado a 50 céntimos en el puente Primavera, es disfrutado por el chofer, cuya envoltura tiene por destino final el paradero del jirón Dante que cruza con la avenida Angamos, a dos cuadras de la Vía Expresa.

(Suena un celular)

–       Aló, si habla que tal ´compadrito´… No pe yo toy dando una vuelta de ahí safo…

La llamada jamás se detuvo, la combi tampoco, evidentemente el manos libres brillaba por su ausencia, es probable que ni sepa que existe. Intenté entender lo que decía pero decía palabras que parecían de otro idioma, en realidad de otro mundo.

Dejé de intentar entender porque las frenadas mientras la llamada seguía, casi nos pasamos una luz roja, no le dimos prioridad al peatón, entre otras cosas. Me enfoque en otro detalle.

La avenida Angamos coleccionó sin proponérselo ese domingo 11 escupitajos de mi  compañero de al lado, el chofer. El sonido, repugnante, la periodicidad, cada que cambiaba el semáforo de rojo a verde. Intentaba leer, no podía, intentaba no mirar, afortunadamente eso si lo logré. Intentaba mantenerme callada, porque cómo explicarle a una persona que no debería escupir en la calle, que así no subiría más gente y menos le pagarían  más, que no debe arrojar basura por la ventana, que tiene gente a cargo, en lugar de ello, le dije: “baja en el puente”.

Tomé el buen consejo de quién sería mi compañía aquella tarde, mi amiga Lis. Ella es una fiel seguidora de los taxis colectivos.

–       “Son más cómodos que los taxis exclusivos o de empresa, de esos que usualmente tomas tu”

Y sobre las ´combis´ o ´micros´

–       “Son una pérdida de tiempo y huelen mal”

Ella la tiene clara.

Centro de Lima de noche

Por solo dos soles llegamos al Centro de Lima, después de zambullirnos en el estático mar de carros de la Vía Expresa por donde pasa el Metropolitano, que parece nos dijera ´hola, yo estoy lleno de sardinas, pero voy rápido´. Llegamos pasadas la una de la tarde, casi dos horas después.

Caminamos, el sonido previo a los escupitajos era tan repetitivo como cuando una mujer se pone unos tacos y comienza a caminar, solo que esta escena no es asquerosa, sino hasta quizá agradable. Es admisible que la gente coma, pero si tienen un ´min pao´, y están dentro de un restaurante o con la señora de la carretilla que tiene sorprendentemente una bolsa negra colgando, tienen que terminar y botar la basura en plena pista, donde hayan acabado de comer, bajan de la combi, del ´micro´, del taxi colectivo y botan cuanto papel les sobre.

¿Es que ahora la gente solo viste con ropa sin bolsillos, sin mochilas, ni bolsos donde guardar la basura? La avenida Abancay tiene tachos, totalmente limpios y vacíos. Quizá con un par de papeles, pero nada significativo.

Sólo quería irme. La gente no se detiene a mirar a nadie, salvo pase alguna desgracia, alguien grite o si roban. Pero igual nadie hace nada. Imagino que si nos viéramos desde el ´Google Earth´ pareceríamos hormigas alborotadas y sin rumbo. Al menos desde esa distancia no se verían los escupitajos ni la botadera de basura.

Encontré, después de mucho caminar y seguir contando, ya iban más de 20 ´pollos´, las decoraciones. Hay que reconocer que la creatividad en el Perú es tanta como su desorden y sus malas costumbres, si nos ponemos a hacer analogías… qué va con positivo y negativo: barato y desordenado, tenemos de dónde escoger (para comprar) y la calidad no es la adecuada en todos los casos, taxis colectivo y los ´micros´, gente ´chamba´ y gente sin futuro, personas de bien y ladrones en las equinas, personas educadas y el resto de la gente del centro. Todos conformamos una sola cultura, que debería cambiar, pero, tampoco debería haber hambre ni miserias y sin embargo, existen.

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