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La cotidianeidad y pasión de Eloy Jáuregui

“La crónica tiene el rigor del periodismo de investigación, la ligereza de la música, tiene el contenido de la pintura, las formas de la escultura, el volumen de la arquitectura. Es multidisciplinaria”.

Por Gabriela Prado

Eloy Jauregui hablando de Literatura, de crónicas y de la vida misma.

57 años lo acompañan, se siente un pianista frente a la máquina, sostiene que para escribir necesita llegar a la temperatura adecuada, disfrutar de su momento a solas, estar desnudo, literalmente. Cronista, poeta y profesor universitario, padre de tres hijos: Rodrigo, Diego y Alonso, el mayor, comparte su afición por el periodismo.

Estaba en la puerta, esperando a que la abriera. No sabía su timbre. Creí que habíamos quedado con él a las nueve de la mañana, hasta que me recordaron una de mis ´cualidades´, la ambigüedad. En realidad le dije entre nueve y diez de la mañana, eran las 9:20, no estábamos tan mal.

Lo llamé por teléfono:

–       Buenos días Eloy, soy Gabriela, recuerdas que quedamos para una entrevista, estoy afuera.

–       Ya bajo.

Parecía recién levantado, pero no importaba, lo que nos importaba eran sus palabras no su rostro. Aún no sabíamos que pasaría. No pronunció una sola palabra cuando nos vio, abrió la puerta y se volteó caminó hacía su casa, subió, abrió la puerta y se sentó frente a su PC. Nos miramos y empezamos a buscar una buena composición en un cuarto lleno de cuadros hermosos, fotos extraordinarias, de libros uno encima de otros.

–       Maestro, nosotros ya estamos, usted nos avisa.

–       Ya ok.

En realidad, no uso la palabra maestro, me obligaron a usarla, en realidad la preferí a decirle Eloy. No sé por qué.

Tenía la cámara encendida, con la cinta cuadrada, el audio separado, el volumen del ambiental bajo, el volumen del micrófono a más del 50 por ciento, sin luces, abrimos las ventanas y prendimos el foco. Hice un paneo de la casa con la mirada de derecha a izquierda, desde la mesa donde había una gorra tipo la de Juan Luis Guerra, color beige, muy bonita, la PC que tenía una ´sticker´ que decía: ´Pa bravo yo´, una entrada larguísima que daba a su cuarto, sus muebles, una mesa de centro con la tarjeta de Jorge Bruce, y a la izquierda la cocina.

–       Si desean ahí hay gaseosa.

Hicimos oídos sordos a la invitación, pero mi memoria guardo la propuesta. Como obviar una Inca Kola.

Eloy asegura que cuando uno aprende a escribir, se compromete, adquiere y refuerza con cada texto una relación amor-odio, a menos que uno escriba por cumplir, lo cual ocurre, pero no es la relación mas sana ni recomendable. “la escritura es un compromiso con la identidad”.

Recordó mientras hacía un primer plano de su rostro que ahora no mucha gente aprecia escribir, que  los jóvenes prefieren las redes sociales para ´huevear´, sin embargo, existe una salida para aquellos amantes de las letras que quieren converger con las tan famosas redes sociales.

¿Quién no tiene Twitter o Facebook?, quien haya dicho ´yo´, lastimosamente está en nada. “Uno puede escribir un libro con twits”, mencionó Jáuregui.

Al hablar de esta salida u opción, nos referimos a ´la hija mala de la literatura´, la cual no tiene la categoría de un cuento, ni de una novela.  “La crónica es una suerte de literatura periodística, tiene un valor de creatividad impresionante, tiene la frescura que tienen las cosas nuevas. Mientras que uno escribe un cuento y parece más un artículo viejo, la crónica cada día se acerca más a lo que es el cuento de ese que hablaba Poe”.

Hacer una toma cerrada de sus manos fue una odisea, no sólo habla con la boca y con el rostro, sino también con las manos, las mueve demasiado, se deja entender bastante. Mostró desde que inició la entrevista su profundo interés por el amor de su vida, escribir.

“Las cosas ocurren cuando uno las lee, suceden cuando uno las escribe”.

Antes de la entrevista, había oído de Eloy muchas cosas, su vehemencia para hablar, para escribir, para vivir. Leí que duerme a las 12 y se levanta a las cinco de la madrugada a corregir sus textos. Ese día, parece que lo hizo al revés, confesó haber dormido a las cinco y que recién se levantaba.

“Las cosas ocurren cuando uno las lee, suceden cuando uno las escribe” (Eloy Jáuregui)

Sentado, relajado, con la camisa remangada como si fuera a cargar un gran peso, y entreabierta, nos retrataban a un personaje solitario, pero feliz, totalmente sincero, y desenfrenado. Además de derramar lisuras, tal cual la flor de la canela.

Con cada pregunta o nos sacaba una sonrisa, una carcajada, una cara de asombro o admiración. El integrante de ´Hora Zero´, autor de ´Usted es la culpable´ y ´Pa bravo yo´ y de crónicas como ´Estudio sobre la belleza´, ´Reloj, no marques las horas´, ´Una gran ´nueva´ noticia´, ´Para comerte mejor´, entre otras crónicas, porque para Eloy, todo es cronicable, la vida es cronicable, un día es cronicable.

“La crónica tiene validez permanente, rompe  el rigor mortis, la obligación difunta que tiene el periodismo”

Oscar Reynoso, sugiere: “Escribir, escribir, escribir, leer, leer, leer, vivir, vivir, vivir”. No parece tan difícil, pero es cuestión de compromiso, de gustos, de disfrute, de miradas.

Sus ojos algo amarillos, diciendo: ´déjenme dormir mas´ se movían rápidamente, tanto como su boca, que contaba, historias como la del inicio de Daniel Titinger, que nos lleva a la conclusión de que para que un escritor haga crónicas, debe haber vivido mucho, y de todo un poco. “Salir a cubrir policiales, con homosexuales, putas, de todo, todo ello sirve”

No sólo se trata de amor a la escritura, sino también de gusto por la música, “posiblemente sea porque tenemos más percusión, en casi toda Latinoamericana, nuestro cajón peruano, cuando uno hace en su vida muchas huevadas en un solo día, en realidad ha hecho una crónica”

“Uno debe enamorarse de su texto, comprometerse”. Él sonaba algo comprometido.

Luego de la entrevista, mientras guardábamos todo, Eloy volvió a su PC, recibió  una llamada.

–       Hola Raúl, si, ya ok.

Y nos dijo:

–       Pensé que venía con ustedes

Le aclaramos que no. Pedí el vaso de Inca Kola prometido. Nos despedimos y en la puerta fue una agradable coincidencia, ver que Raúl, era, el mismo Raúl que nos había enseñado en sétimo, Periodismo Interpretativo, otro personaje que hizo que trabajara en mi primer perfil, que hizo que amara el periodismo. Pero esa… ya es otra historia.

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