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Héctor Lavoe: Perú, lo querrá de gratis por siempre

Bajó de los cielos en agosto del 86 y solo le bastaron seis días para fundar su imperio. Estaba predestinado. Ni antes ni después: Héctor Lavoe, el de las mil tragedias y apelativos. El impuntual que cambió de hábitos solo por esa aventura llamada Perú.

Por Renzo Gómez Vega

Mediados de los ochenta. La Feria del Hogar se había vuelto el destino por excelencia de los mejores exponentes de la Salsa mundial. En los inicios, nos visitó el Gran Combo de Puerto Rico con sus legendarios ‘Trampolín’ y ‘Ámame’, en el 84’ llegó Rubén Blades con sus letras revolucionarias junto al sonero ‘Cheo’ Feliciano y una invitada ilustre: Celia Cruz. Al año siguiente, cantó Andy Montañez con su ‘Cobarde, cobarde’ y ‘El Payaso’. Todos grandes.

Ninguno pudo compararse al ‘Jibarito de Ponce’. Al menos aquí. Pasaban los años y verlo pisar suelo patrio, había dejado de ser un deseo para convertirse en una utopía. Dicen que un peruano lo estafó con un ‘dinerito’ y que desde ahí no quiso saber más de nosotros. Hasta que se le pasó la calentura.

Jorge Fernández, representante y hombre fuerte del comité administrativo de la Feria logró lo impensado: lo contactó y convenció. Todo en un mismo viaje. Así, un tal Héctor Pérez llegó con una camisa manga corta y un pantalón delgado. Era agosto,  y el frío golpeaba.

Hugo Abele, empresario peruano, casi en el acto mandó comprar seis polares. Seis colores distintos para los seis días que duraría su estadía. Le entregó el paquete y al lado un lapicero con su contrato. Él no se detuvo y firmó como quien no quiere la cosa. Había aceptado lo que pocos se habían atrevido a proponerle: que cantara a la hora. La frialdad del hotel no iba con él, así que se instaló en casa de Abele. Avenida Domingo Orué en el siempre atractivo Surquillo. De allí solo saldría para la Feria. Iría y vendría sin desvíos.

Que estuvo en el bar ‘El Bigote’ y que las fotos se malograron por la humedad. Que estuvo en los barracones del Callao, donde quedó embelesado con la harina de nuestra cosecha. En fin, tanto se ha dicho. Lo crudo y real fue que nunca visitó el puerto. No lo dejaron, lo guardaron bajo siete llaves. Pero, como era de esperarse, un día escapó.
O, mejor dicho, se dio una escapada dentro de su mismo cuarto.

Aquel día, Héctor superó los barrotes de los Abele (padre e hijo) y le dijo a la empleada: “Tráeme un ron, el que sea”. Le dio 100 dólares y le ordenó quedarse con el cambio. La chica, tan despierta le compró dos botellas de ron en la bodega. Ni cuatro dólares. No le importó la calidad y los recibió gustoso. Echó llave y se sometió al gozo pasajero. Al día siguiente, solo hubo caras de preocupación en casa de los Abele.

Eloy Jáuregui emulando al 'Jibarito de Ponce'.

Los nudillos rojos indicaban las innumerables veces que tocaron su puerta. De pronto, se desesperaron y la tumbaron a patadones. “Echado boca abajo, mirando hacia su respaldar y con las manos atrás como si estuviera volando, pensamos lo peor”. Desesperados, recuperaron el aliento cuando lo vieron moverse. Solo estaba ebrio. Nada común. “Ese día Héctor brindó su mejor actuación”, dice Eloy  Jáuregui, periodista y poeta, que lo acompañó en su travesía limeña. Al término de los seis días, Héctor batió récord de asistencia. Nunca tanta simpatía. Nunca tanto amor.

“Héctor Lavoe es un capítulo aparte, no se parece a nadie. Es como Gardel. Pedro Infante. Julio Jaramillo. Ese nivel de ídolo popular hecho mito. Fue el tipo que remontó su trágica vida para convertirla en una fiesta para nosotros”, Eloy se emociona. Su saco beige, más su camisa negra y sus joyas conjugan perfectamente. Advierte mi pregunta y me confiesa que el ‘Cantante de los Cantantes’ lo retó a suplantarlo en el escenario, mientras él la pasaba ‘bien sabrosito’. Eloy dibuja en su rostro un gesto de alegría. Evoca gratos recuerdos. Aprovecho y le pregunto si tiene unos Ray Ban como los del ‘Bad Boy’. Mueve la cabeza horizontalmente, pero se prueba unos anteojos encima de los que ya tiene. No importa. Muestra tu collar y tu anillo, vamos apoya tu mejilla en tu mano como Héctor. Perfecto. Listo. El flash penetra su sala e inmortaliza la travesura.

‘Pacho’ Hurtado y sus mejores pregones

Si alguien se le asemeja de verdad ese es Jorge Riofrío Hurtado, el relacionista público de PetroPerú y artista plástico, que un buen día deseó pintar sus mejores trazos sobre el lienzo de su propia humanidad. ‘Pacho’ Hurtado, el chalaco de Santa Marina que desde hace casi una década se entrega en cuerpo y alma para revivir el mito. Me cuenta que ya desde chibolo cantaba con sus amigos del barrio y que incluso muchos ya le veían un parecido físico con Héctor Lavoe.

Amante de ‘Los Ángeles Negros’ y ‘Los Iracundos’ formó su grupo criollo ‘Peña de colores’, sin embargo el destino -qué sabio a decir verdad- quiso que se topara con el trompetista Beto Villena en una reunión familiar y se subiera al escenario para dejar boquiabiertos a todos, incluido el músico. Un año más tarde, en 1998 para ser exactos, llamó a Villena, de quien había rehusado una propuesta para integrar su orquesta, y éste, entre sorprendido y animado lo invitó a la inauguración -el mismo día- de su discoteca ‘Buscando América’. Vaya que ‘Pacho’ se encontró consigo mismo. Fue de la mano con su esposa, pero terminó dejándola en su mesa para subirse a la tarima y comenzar a ser el que es hoy.

“Fue grandioso, armamos un show bien chévere. El problema surgió al año, cuando ya no me ve como amigo y no me quiere pagar. Pero yo seguía ahí. Muchas veces después del show me iba al cajero, sacaba 500 soles y al llegar a casa le decía a mi mujer: mira vale la pena”, de repente baja la voz, como si hasta ahora su esposa no supiera nada. Un día se dio cuenta de que la gente ya reconocía su trabajo, y armó un grupito en la Taberna de Barranco. Le fue bien, pero tuvo que viajar.

Hurtado negó cualquier problema con Willie Colón.

A su regreso, Beto Villena quería recuperarlo y le pidió que cantara en el aniversario de la emisora Radiomar. Fue su espaldarazo. A Villena el tiro le salió por la culata. A ‘Pacho’, a pedir de boca. Tras deambular en algunos locales, decidió ir en busca -aunque la cueste admitirlo- de su futuro y fue al Jazz Zone, donde desde hacía unas temporadas Hugo Abele, hijo del empresario con el mismo nombre, había montado un show con su orquesta Sonido Latino, precisamente rememorando lo más selecto del repertorio del ‘Jibarito de Ponce’.

Desde aquella noche del 2003 no ha parado de dedicar sus mejores pregones.  Recuerda la vez que fue hasta Nueva York y cantó junto a los músicos de Lavoe. “Todos me miraban y por ahí escuché unas risotadas. Estaba nervioso, pero cuando canté me transformé y los dejé bien calladitos”. En una de las paradas de aquel viaje, antes de empezar, se le acercó una mujer con los ojos saltones y le dijo que quería verlo cantar, pues lo hacía recordar a su ex enamorado Héctor. A ‘Pacho’ se le formó un nudo en la garganta, pero rápidamente demostró lo suyo. “Si termina el show y me ves llorando es porque me has convencido. Acabé y cuando me acerqué al mismo sitio solo vi a su esposo, le pregunté por ella y me señaló un rincón: su mujer estaba borracha llorando”.


De gratis

Es sábado en el casino Fortuna. La música es un gran estímulo para los jugadores. Una legión de sexagenarios aguarda su entrada, la mayoría se ha vestido para la ocasión. Tacos aguja, relojes de oro –bañado al menos- lentes ahumados, zapatos de dos colores, camisas desabotonadas y escotes atrevidos para el buen gusto y los calendarios. Se hace esperar al puro estilo del ‘hombre que respira debajo del agua’. Esta vez Hugo Abele no lo acompaña, pues acaba de regresar de Colombia.

El parecido es sorprendente.

‘Pacho’ saca una estampita y se persigna. “Un amigo puertorriqueño me dijo que da buena suerte”, me dice. Deja al aire los collares de santería que heredó de Héctor y entra raudo. Cruza la estrecha división entre el escenario y la pista de baile y, de inmediato, arranca con ‘La Murga’. La gente lo aclama. Es entendible: ha pasado un mes desde su última presentación. Las señoras lo miran y le mandan besos volados. Solo sonríe. Y eso que no está su esposa. Vamos, ‘Pacho’ dele como usted sabe. “Tu amor es un periódico de ayer, que nadie más procura ya leer. Sensacional cuando salió en la madrugada y a mediodía ya noticia propagada, y en la tarde materia olvidada, tu amor es un periódico de ayer”, su voz hechiza e hipnotiza.

‘Pacho’ no es un estafador, de eso que no quepan dudas. Tiene un registro muy alto, y el saoco de los bravos. Ahora da paso a su rueda de boleros, desde el fatídico ‘Ausencia’ hasta el incandescente ‘Emborráchame de amor’, por cierto la única composición peruana que cantó el sonero de soneros. Entre canción y canción se le acercan para tomarse una foto con él. Cuán cierto eso que dijo Abele que para escuchar a ‘Pacho’ hay que hacerlo con un ojo descubierto y el otro tapado. El resultado podría aturdirte, más aún si no has cumplido ni los veinte años. Ya van siendo las doce y tiene que ir acabando. Interpreta la pendenciera ‘Hacha y machete’, los chiquillos del ayer se abruman y salen todos de porrazo. Nadie se queda sentado, aunque no hay muchas sillas que digamos. En fin, ‘Pacho’ termina y eleva la vista: agradece su fortuna. Repentinamente, se le acercan muchos fans para abrazarlo y decirle cuánto lo quieren. “Gracias, eres lo máximo”, se le oye a un ‘Pelón’. Después va un joven y se aferra a su abdomen.

Él, permanece tranquilo. Hay quienes lo cuestionan, lo tildan de impostor y hasta de copión. Algunos decían que Willie Colón, el trombonista del Bronx y compañero de diversión y tablas de Lavoe, se había excusado de cantar con Hurtado en su reciente concierto por no estar de acuerdo con su caracterización. Lo desmiente y hasta indica que se mandaron correos por algún tiempo. Es uno de sus sueños, aunque no lo diga. Es ‘Pacho’ Hurtado, no el ‘Héctor Lavoe peruano’, como detesta que lo llamen. Piensa al igual que ‘La Voz’: todo tiene su final y algún día no tan lejano dejará de ser la reencarnación de ese flaco, que de frente parece que está de lado, para ser simplemente “Pacho”. Hasta ese día nos querrá de gratis. Nosotros también.

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