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Futbolistas y periodistas, ¿quién le para balón a quién?

Conviven a diario, pero no son familia y menos pareja. Unos corren tras un balón; otros, tras una declaración o exclusiva. Se quieren. Se odian. Y hasta se necesitan. ¿Qué piensan unos de otros? Saque la tarjeta nomás.

Por: Renzo Gómez Vega

Antes de que ruede la pelota, imaginemos, por un momento, un mundo sin micros, grabadoras ni cámaras. Probablemente, el fútbol tendría poquísimos ceros y muchos jugadores perderían su condición de estrellas para ser solo buenos o regulares. Ahora, hagamos el ejercicio a la inversa. Sin el fútbol, posiblemente los periodistas deportivos serían verdaderamente eso, deportivos. Más vóley, tenis y hasta waterpolo. En teoría, se benefician mutuamente. Pero, ¿eso garantiza entrevistas exclusivas y hasta que celebren los goles juntitos? Depende, porque aquí los resultados también mandan.   

Hace unos días, en una sobremesa del diario Depor, un periodista novato se quejaba por el desplante de un jugador en una producción. De inmediato, uno más experimentado dijo casi como un manual: “a los jugadores hay que agarrarlos de chibolos. Hacerte su pata, cuando recién comienzan. Porque luego se vuelven famosos y ya no te conocen”. Como en todo, no se trata de una verdad absoluta pero sí a tomar en cuenta.

¿Será el futbolista común, un tipo engreído, creído y casi todo lo que termine en ido? ¿O acaso será un incomprendido que simplemente no está preparado para la fama y el dinero a granel? ¿Y el periodista? ¿Es un profesional de raza o más bien un frustrado que moriría por dar tantas ‘pataditas’, como su entrevistado, y ganar tanta plata como él? Quizá un poco de todo.

Las diferencias saltan a la vista, pero conviene poner ‘zoom’. En promedio, un futbolista local, de Primera División, gana alrededor de 6 mil dólares. Si es ‘rankeado’ de 10 mil para arriba. Y en Europa ya es otra cosa. Un periodista de campo, ya sea reportero o redactor, gana un aproximado de tres mil soles.

Si hablamos de horarios, los futbolistas marcan ‘tarjeta’ a las 9 de la mañana y salen a las 12 y media a más tardar. Justo para el almuerzo. Ah, sobre el papel, solo tienen un día de descanso, que es después del partido. Los periodistas, en cambio,  tienen dos días para descansar. Pero solo conocen horarios de entrada, mas no de salida. La medianoche es una posibilidad latente.

“Quemarme las pestañas durante cinco años para perseguir a alguien que no ha terminado ni el colegio”, se quejó un colega mientras veía un partido de la ‘Champions League’. Su bilis, aunque cruel, tiene razón. Pocos son los jugadores que declaran algo distinto y con los que se puede conversar más de cinco minutos sin escuchar un ‘y nada’ o los clásicos ‘así es el fútbol’, ‘hay que seguir trabajando’ y ‘voy a morir por esta camiseta’ (besito incluido).

Pero no son los periodistas los que, conociendo esta debilidad, se acostumbran a preguntar lo mismo. “¿Qué expectativas para este partido? ¿Lo consideras como una revancha? ¿Se puede pensar en el campeonato?”. ¿De qué sirvieron las aulas, entonces, sino para imitar a quien tanto se critica?

Santiago Solari, ex futbolista argentino del Real Madrid, pintó la cancha en su artículo ‘Enemigos íntimos’ del diario El País. Sobre cómo perciben los futbolistas a los hombres de prensa, el ‘Indiecito’ fue contundente.  “Ve a alguien que juzga sin hacer, que no corre, no suda, no siente cansancio o dolor, no escucha los silbidos del público ni los saludos afectuosos a su puta madre pero que, concluido el partido, con una tacita de té de tilo a mano y el aire acondicionado encendido, dice todo aquello que debió haberse hecho y no se hizo y todo aquello que se debería hacer para corregirlo”.

Hoy, el ahora comentarista deportivo y columnista, escribe con conocimiento de causa sobre su nueva profesión. “Ve un ser que lleva una existencia monótona en su sencillo mundo verde, rectangular y perfecto. Lo mira, quizá, hasta con condescendencia; sabedor de una verdad que el futbolista, en el trajín de su rutina, ignora: que el fútbol se termina y la vida sigue, sin autógrafos ni flashes”.

Difícil considerarlos amigos, aunque los hay. Enemigos, tampoco sería lo más indicado. De repente, fuentes sería lo más apropiado, pese a sonar tan duro. Y es que tal vez la única forma de entender esta compleja relación sea pisando, como Solari, la pelota en las dos canchas.

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La paz llegó al Pacífico: Chile y Perú pueden amarse y sobrevivir en el intento

¿El amor no tiene fronteras, no conoce de imposibles? Comience a creerlo. Una chilena y un peruano escondieron el resentimiento y el menosprecio debajo de la alfombra y tomaron, como la melodía manda, un tren al sur.

Por: Renzo Gómez Vega


Cuando este mundo deje de ser mundo, quedará en la historia que hubo dos pueblos, llamados Perú y Chile, que se juraron odio de por vida. Kilómetros de mar, hectáreas de tierra, sorbos de  pisco o hasta un suspiro se convirtieron en las mejores excusas de una lucha sin cuartel. Muchas páginas se tiñeron de sangre; otras, en cambio, supieron escribir grandes poemas a lo impensado.

Leslie Reyes, chilena de 22 años, estudió en la Universidad San Martín de Porres por esas jugadas del destino. Llámese intercambio estudiantil. Confiesa haber subido por lo menos cuatro kilos en los poco más de cinco meses que vivió en Lima, y confiesa tam­bién, con ligero dolor, que más allá de los Porotos con rienda, una especie de sopa de frejoles con spaghettis, los chilenos no conocen de comidas tradicionales. “Todos me preguntan lo mismo y no sé qué decir. Se come harta legumbre, len­tejas, sopa, arroz, y porotos. Como dice el dicho: ‘No hay más chileno que los poro­tos’, pero no sé más”, termina como excusándose.

Esta ‘penquista’, así les dicen a los de su natal Concepción, me cae tan bien, que me cuesta pensar cómo es que nuestros países conviven en una eterna rivalidad, en una historia de poco amor y mucho, muchísimo odio. Porque hablar de peruanos y chilenos es lo mismo que hablar de ‘torrejas’ y ‘pende­jos’ (aunque allá signifique niño), y es que pese a gratas excepciones, se trata de una relación de profundo rencor, casi como el que siente el ‘lorna’ con el abusivo de la clase; la diferencia es que no aquí no hay cambios de colegio a mitad de año, menos un ‘profe’ o ‘mami’ con quien acusarlo. Solo hay imborrables more­tones, y nuevos discursos para nuevas disputas.

Afortunadamente, con Leslie no me enfrasco en ninguna, su voz no tiene la rapidez de un santiaguino; al contrario, es cálida y hasta melodiosa. No le escucho ni un ‘poh’, ni un ‘cachay’ y menos un ‘culeao’; más bien, un par de ‘sí pues’, uno que otro ‘pata’ y algunos ‘y que esto y que el otro’. Y así con la sorpresiva naturalidad del primer contacto, le pregun­to por el pisco, la causa, el cebiche y todo lo demás. “La causa y el suspiro a la limeña son de acá, que va a ser de Chile, ¿cuándo hemos pre­parado eso? Creo que es la clase alta la que se ‘ocupai’ de esas cosas”, me dice mientras corta un trozo de pescado. Tal vez tenga razón, quizá esos ricachones de cuello y corbata, y no el ciudadano común, son los que se han obstinado en hacer suyo, todo lo que no es, porque hay que decirlo: al chileno le gusta lo nuestro, siempre le gustó. El guano, el sali­tre, Tarapacá, Arica, el ‘Mar de Grau’ y nuestra comi­da en estos últimos años. A Leslie tam­bién. Se llama Óscar, es peruano (sí, créalo) y lo conoció entre clase y clase.

Como las mejores cosas de la vida, ocurrió de repente. A ella le dijeron que estaba loca. A él, que era un campeón (el machismo siempre puede más). A ambos, que solo sería un amor de verano o de primavera (finales de octubre) a decir verdad. Los meses pasaron y ahora son ellos los que dicen: ‘sí se puede’.


Histórica histeria

Hace poco más de seis meses, el reconocido chef Gastón Acurio inauguró un Madam Tusan en Santiago de Chile convirtiéndose automáti­camente en el quinto res­taurante de su ‘holding’ y en el número 105 de los huariques ‘peruchos’ en tierras ‘mapochas’. Pero si los peruanos exportamos anticuchos y tacu tacus por doquier, los chilenos, gracias al libre mercado y su visión de negocio, han ido copan­do rápidamente el rubro empresarial. En otras palabras, el peruano se acostumbró a desayunar un pan con mantequilla Dorina, mientras bebe sor­bos de Nescafé o Eco. Para el almuerzo, una causa de atún Florida no está nada mal. Si come de más, se va al ‘tiro’ a Boticas Fasa para curarse de una indigestión. Y por últi­mo, si quiere impresionar a la ‘gentita’ o a su ‘flaca’, Saga Falabella y Ripley son la voz. 

Cuesta creerlo pero es así, nos hemos ‘chilenizado’. Y aunque tratemos de sentir­nos mejor por los 120 mil compatriotas radicados en el país de la ‘estrella solitaria’; lo cierto es que 80 mil de ellos son trabajadoras del hogar o, dicho con todas sus letras, ‘chachas’ o ‘nanas’ cama adentro. El 40 mil restante se dedica al todo o nada, algu­nos venden aritos, pañuelos, ganchitos y ponchos en las plazuelas, mientras otros se las ingenian para meter mano, uña, chaira, y todo lo posible para tranquilizar al estómago. Es decir, si en Santiago se sufre pero no se goza, pues en Lima se goza pero no se sufre. “El peruano es como que siempre se tira para abajo, llega un chileno, hace más cosas y todos lo admiran. No tienen como que iniciativa de hacerlo solos, y nosotros como que somos más vivos y despier­tos”, Leslie trata por duda o delicadeza, aunque me incli­no por lo segundo, de asola­par nuestro acojudamiento. Sus ‘como que’ la delatan. Ha aprendido a querernos y no quiere hacernos daño; sin embargo, casi como un malicioso ejercicio de lógi­ca le planteo: Si el chileno es más vivo que el peruano, entonces, ¿somos ‘torrejas’? Ella se toma unos segun­dos y responde tibiamente: “Podríamos decir que sí. Pien­so que sí”.

Si somos un país ‘torreja’, contamos con un amplio historial. En la Guerra del Pacífico, allá por 1878, nos compramos un pleito ajeno al defender a Bolivia, que se rehusaba a pagarle a Chile un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado, pues confiábamos ciegamente en que Argentina nos ayudaría. Hasta ahora seguimos espe­rando. De la misma manera, Mariano Ignacio Prado, pre­sidente del Perú por aquellas épocas y quién sabe cómo padre de Leoncio, decidió el 18 de diciembre de 1879, apagar su velita número 53 a bordo del vapor-correo Paita entre gallos y medianoche con el barajo de gestionar personalmente la compra de armamentos y la adqui­sición de una escuadra en Estados Unidos y Europa. Prado regresó ocho años más tarde sin siquiera un balín.

Pero si Mariano Ignacio Prado fue todo eso, Nicolás de Piérola lo superó. Porque no solo fue ‘torreja’ para no bombardear a un ejército chileno borracho, durante la ocupación de Chorrillos y Barranco en enero de 1881, sino también doblemente cabrón para huir a los Andes y dejar a Lima a su suerte. Leslie no sabe mucho de la Guerra del Pacífico, en la escuela fue un tema que pasaron rápidamente. Cuando le pregunto por Miguel Grau, su respuesta me deja boquiabierto: “Era el que estaba en el Huáscar, y que hizo una buena labor, porque recogía a los chileni­tos vencidos. O sea, fue un bondadoso”. O un gran coju­do, quizá. Porque en esta ausencia de caudillos y líde­res, ya no se sabe quién fue héroe y quién no. ¿Qué hizo de Grau el ‘Caballero de los Mares’? ¿La carta de la viuda del capitán Arturo Prat, los 62 sobrevivientes que recogió luego de hundir La Esmeralda o el terrible caño­nazo que destrozó su cuer­po mientras comandaba el Huáscar? ¿Existen caballeros en las guerras? ¿No se trata, acaso, de eliminar y asesinar sin piedad? ¿El último cartu­cho de Francisco Bolognesi no fue una tontería, propia de un viejito de 64 años?

Cuando Óscar pasó  tres días en bus hasta llegar a Concepción y visitar a Leslie, no pensó en tonterías. De seguro, no  será su último cartucho. Ya llevan ocho meses, tres viajes y una guerra que quieren pelear de por vida.

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Luis Miranda: “Hay que cincelar cada frase para sentir que estamos creando un esqueleto indestructible”

Hace 10 años se mudó a la televisión, pero eso no le ha quitado la fibra suficiente para contar historias. Autor del libro ‘El pintor de Lavoes’, Luis ‘Oso’ Miranda nos muestra una visión realista del actual momento de la crónica en el Perú.

Por: Renzo Gómez Vega

 

¿Por qué la crónica es el género más libertino de todos?

Porque suena más osado y aventurero que decir libre. Es verdad, que al trabajar en una empresa privada estás sujeto a algunos parámetros, pero la crónica te da esa posibilidad. Estamos en una época donde falta más crónica, a pesar de que ya hay. Vivimos una etapa de formación, donde falta mucho por decir y explorar.

¿La crónica puede ser considerada como literatura?

Indudablemente, es literatura por la palabra bien dicha, la historia bien pensada. A mí me gusta utilizar artificios como el estilo indirecto libre. No se sabe si estás dentro de la cabeza del personaje oes la voz  del narrador. Hemos tenido siempre un periodismo pacato, escrito por gente que no lee crónicas. Esta revolución, que están en pañales todavía, lucha contra esa corriente.

Hablas de una etapa de formación, ¿no compartes la idea optimista que estamos viviendo un ‘boom’ de no ficción?

Falta muchísimo. ¿Quién lee en el Perú? ¿Por qué vas a inventar personajes cuando la realidad es tan rica? Ahora falta que la gente lea. El círculo no está cerrado. Genial que se publique, pero, ¿quién lee? Así como hay gente que aprecia la comida, el peruano debe aprender a valorar la buena crónica.

Pero es evidente que en los últimos años se están publicando bastantes libros y revistas de periodismo narrativo…

Que cinco gatos publiquen libros no quiere decir nada. ¿Qué nos pasa? ¿Tan mal estamos? Un ‘boom’ es que exista un mercado fuerte. De lo contrario, se trata de una burla. A mí no me gusta meterme en ninguno de estos círculos, casi soy anónimo. Se cae mucho en el diosecillo de barro. La vida es una etapa de aprendizaje, donde aprendes de todos.

¿Por qué eres tan obsesivo con las frases?

La literatura tiene exactitud, a pesar de ser barroca. Es casi como una relojería, con un cuerpo complejo pero exacto. Tenemos que buscar el lado artesanal. La escritura es artesanía hecha con palabras con sentido, con significados. Hay que cincelar cada frase para sentir que estamos creando un esqueleto fuerte, indestructible, capaz de rodar por muchos cerebros con la seguridad que siempre funcionará.

¿Cómo es tu relación con tus personajes post-crónica?

Todas las personas somos complicadas. Por el hecho de hacer una crónica no me he comprado la amistad de nadie. Con ‘Lucuma’ y el ‘Salsa’ no me fue bien; sin embargo, son personajes. No los elegí, porque me cayeron bien. Si no, porque su historia era digna de contarse. En televisión me fue distinto, porque la ‘tele’ tiene prestigio.

 

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Los cuatro faltantes

La prensa los bautizó como ‘Los cuatro fantásticos’. La gente siempre está pendiente de sus logros en Europa, sin embargo, ellos no han respondido como deberían a la eterna expectativa de todo un país que se conforma con solo ver a su selección en el mundial.

Los 4 ‘referentes’ de nuestra selección. Tres de ellos brillaron por su ausencia en el partido del último domingo. (Imagen: trome.pe)

El domingo nos jugamos un partido importante contra Colombia, un encuentro que podría mantenernos con vida o, como sucede desde hace más de tres décadas, dejarnos esperando cuatro años más para ir a un mundial. Y resulta que Vargas, Pizarro y Farfán están lesionados. El único que podría llegar al partido contra Uruguay es ‘La foquita’.
Lo de Pizarro es sospechoso. Justo ahora que acaba de firmar con el Bayern Münich, se lesiona. El que siempre sale sonriente en las publicidades de la selección peruana, el que lleva la cinta de capitán, el que es el mayor goleador extranjero de la liga alemana.
¿Y Juan Manuel Vargas?
El lateral de la Fiorentina también se lesionó. Luego de haber declarado ante los medios de que Radamel Falcao García, el goleador del Atlético de Madrid y el jugador más peligroso de la selección colombiana, había sido inflado por la prensa. El comentario de Vargas generó malestar en el país cafetero. Hasta el ‘Pibe’ Valderrama se pronunció sobre el tema. Y ahora Vargas brillará por su ausencia el domingo.
Farfán es quizá la gran baja de la fecha. ‘La foquita’ es uno de los que aporta más en la selección cuando se pone la camiseta. Esperemos que pueda llegar contra Uruguay.
Paolo Guerrero es el único que sí podrá jugar. Haciéndole honor a su apellido, una vez más se batirá con los defensas del equipo rival. Sus goles no nos caerán nada mal.
El equipo que Markarián enviará al verde este fin de semana es casi el mismo que logró el tercer lugar cuando disputamos la Copa América en Argentina. Una vez más, ese once que la gente idolatra y glorifica cuando conseguimos un empate o una victoria, buscará sumar como local. Hay quienes opinan que la localía pesa. Felizmente, las entradas se agotaron y el Nacional estará lleno de hinchas que en teoría, deberían poner presión.
Fantásticos para meterse en escándalos, para actuar en publicidades, para generar polémica; pero cuando un partido de suma importancia se presenta, brillan por su ausencia.

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Lágrimas desde lo profundo: testimonio de una mujer maltratada

Por: Diego Ferrer

Llegamos a casa de Melchora Rodríguez con un retraso de 15 minutos. Tocamos el vetusto portón marrón. Está pintarrajeado con spray plomo y con pintura blanca. Nombres sin importancia, apodos de cabecillas de barra brava, huellas de mil y un llaves que se han estrellado contra la madera. Y de Melchora, ni rastro.

Melchora no puede contener las lágrimas mientras cuenta su testimonio.

Comenzamos a preocuparnos, empiezo a pensar que ese pequeño retraso nos jugará una muy mala pasada, sin embargo, el tétrico chirrido de las viejas bisagras nos anuncia que la puerta se está abriendo, que hay alguien ahí. Sale una pequeña mujer de aproximadamente 28 años, lacia y de gesto desconfiado. La saludo y me devuelve el gesto mientras esconde la cara y dirige la mirada al suelo. Le preguntamos por Melchora y no responde. Una pequeña niña, lacia al extremo, sale y nos mira con asombro. Detrás de ella, aparece un pequeño niño de piernas flacuchentas y corte militar.

Todos se agrupan afuera y como custodiándole las espaldas, aparece Melchora. No es muy alta, tampoco aparenta sus 26 años. La veo y lo que me sorprende en un primer momento es el tamaño de sus ojeras, las cuales me indican que no duerme mucho. Tiene los ojos hundidos, cansados y perdidos. Su mirada me deja pensando en qué cosas nos contará esa cobriza mujer. Nos saluda con educación y nos invita a pasar.

El oscuro pasadizo que nos espera detrás del portón es bastante angosto. Miro hacia la izquierda y puedo ver, a través de una precaria ventana de marcos de triplay, un cuarto multicolor, bastante pequeño, como de unos cuatro metros cuadrados. Melchora se apoya en la desgastada puerta de la habitación y nos invita a pasar. El lugar huele intensamente a comida refrita. Casi no hay ventilación en el lugar. “Disculpen, acá vivo yo, en este cuartito” nos dice. Le sonreímos y le pedimos que se ponga cómoda –sin ánimos de ironizar- para la entrevista. Viste un jean oscuro y una cafarena guinda. Unas botitas negras de cuero fallan en el intento de aumentar su tamaño: cada vez la veo más pequeña.

La cama de una plaza se ubica en la esquina superior izquierda del recinto. Está pulcramente ordenada. Las almohadas cubiertas con una funda de colores desgastados y un peluche sin ojos sobresalen en la superficie. Un gran armario de color caoba está en la otra esquina. Una decena de bolsas plásticas se ubican encima del mueble. A su lado, descansa un televisor pantalla plana, se ve nuevo. Debajo del artefacto, una radio reproduce un triste huayno ancashino.

En la esquina inferior derecha, hay una cuna de madera, llena de juguetes. La pequeña Faviana, la niña del lacio extremo que nos quedó mirando cuando llegamos,  no debe dormir muy cómoda en esa cuna. Detrás de la puerta, en la última esquina de la habitación, encima de una mesita bastante gastada, se encuentra una cocina metálica de cuatro hornillas, todas llenas de grasa.

“Conozco a Dubar desde que tenía 20 años. Él fue mi primer enamorado, el primero con el que estuve.” Melchora nos cuenta que el papá de su hija la perseguía siempre. Se conocieron en Villa Victoria, Surquillo. Él siempre la asediaba y ella no le hacía caso, hasta que la soledad ablandó a Melchora. “Fuimos a una fiesta y pasó, ahí pasó. Salí en estado y desde ese momento, todo cambió. Él comenzó a maltratarme, me dejaba sin comer. Mi hija nació prematura, a los siete meses porque yo estaba desnutrida.”

Melchora recuerda con tristeza su pasado. Nos mira fijamente y las lágrimas comienzan a caer por su cobrizo rostro. “Yo soy de Turpay distrito, en Apurímac. Me vine a Lima porque nadie se preocupaba por mí. Mi familia se aprovechaba de mí, me llevaban a la cabaña, a pastar a las ovejas; nunca se acordaban de mí.”

Sin embargo, no pierde las esperanzas de salir adelante.

Le alcanzamos un poco de papel, para que seque sus lágrimas, esas lágrimas que hace tiempo inunda su corazón. “Yo nunca tuve ese cariño, ese afecto. Un tiempo pensé dedicarme al licor, para olvidarme de todo. Me gastaba toda mi plata en eso. Todos los domingos. Un día dejé de hacerlo, pensé en comprarle cosas a mi hija, cosas para mí.” Durante cada instante, Melchora se va perdiendo en los recuerdos.

“Ya no quisiera sufrir más, ya no quiero vivir este infierno… Ya quiero que se acabe. A veces, quisiera matarme.” Melchora sigue llorando. Sus manos presionan con fuerza el trozo de papel, como si con la presión ejercida, estuviera drenando todo el sufrimiento.

Sus padres murieron, sus hermanos no se interesan por ella o por su sobrina. Dubar tiene otra familia y Melchora lo sabe. “Yo solo le pido que le dedique un domingo a su hija. Nada más. No importa que no me quiera más, solo quiero que esté cinco o diez minutos con su hija.” Ella nos cuenta que el papá de su hija hizo el servicio militar. Nos señala un cuadro despintado, colgado en la pared. Uniformado, con el rostro quemado por el sol intenso de su natal Piura y gesto adusto, Dubar Castillo aparece con un gesto solemne, como todo soldado. A diferencia de los demás objetos colgantes, el que contiene el diploma está totalmente empolvado y maltratado.

“Antes lo quería, pero ya no. Solo quiero vivir en paz.” Cuando escucho a Melchora despotricar contra Dubar, no puedo evitar imaginar que el amor que algún día sintió por el ex soldado ahora está como el cuadro que aprisiona su foto: descolorido, descuidado, obsoleto.

Le pregunto a nuestra entrevistada si cree en el amor: baja la mirada y mueve la cabeza de un lado a otro. Le pregunto si cree en dios y me dice que sí, muy bajito y sin mucha convicción. Le pregunto si considera que algún día será feliz, me mira fijamente; demora unos segundos en responder, como si estuviera masticando su respuesta. “Yo solo quiero que él se vaya de mi vida y nos dejé en paz. A mí y a mi hija. Puedo trabajar.”

Cuando le pregunto dónde trabaja, me responde que en una casa de San Isidro. Melchora lleva a la pequeña Faviana consigo, nos dice que le da pena dejarla abandona. La niña está con anemia. “Su padre no se preocupa por ella. Nunca pregunta si está bien o no, si comió o no comió. A veces, cuando viene borracho, se le acerca y la abraza, le dice que la quiere. Eso no sirve de nada, la cosa es que se lo diga sano.”

Me cuesta creer que pueda sobrevivir y mantener a la niña con los 350 soles mensuales que gana por su trabajo, me cuesta creer que no lleve a su pequeña al hospital porque no tiene tiempo ni dinero. Cuando le digo que debe ahorrar dinero para que Faviana reciba atención médica, me mira sin muchas esperanzas.

¿Qué es lo que hace que una mujer pierda todo interés en la vida? ¿Qué es lo que hace que piense que debe soportar todo el dolor de un pasado lleno de maltratos, olvido y despreocupación? ¿Qué hace que nos haya contado su historia?

Salimos del cuarto de Melchora. La pequeña Faviana viene saltando.

–          Mami, mami, cómprame esas bolitas que estabas comiendo ayer

–          ¿Qué bolitas?

–          Esas bolitas que estabas comiendo ayer

–          ¿Cuánto cuestan –le pregunto- esas bolitas que quieres comprar?

–          Joven, no se moleste

–          No, no hay problema

Saco un sol de mi billetera y se lo entrego a la niña. Ella me mira y parte la carrera. Antes de que cruce la puerta, su mamá le llama la atención. “¿Qué se dice?”. Faviana me mira tímidamente y casi murmurando, me dice “Gracias”. Su madre sonríe y ella desaparece a través del vetusto portón marrón. Me gustaría saber que luego de irnos, esa sonrisa no se borrará del rostro de Melchora.

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Eficacia y estrategia, reglas para una distribución justa

Por: Gabriela Prado y Diego Ferrer

En la última emisión del programa Comunicados, producido por la Escuela de Comunicaciones de la Universidad de San Martin de Porres, decidieron que deberíamos hablar sobre Economía.

Tocar un tema especializado y técnico no se hizo tan difícil cuando nos propusimos como objetivo, explicar por qué la distribución de la riqueza era como lo es hasta ahora y por qué no beneficia a todos los peruanos por igual. Para ello, entrevistamos a Billy Obregón Romero, Economista, representante de la Bolsa de Valores de Lima y Catedrático de la Universidad San Ignacio de Loyola. Esto fue lo que recogimos de la entrevista.

¿Es importante la buena distribución de la riqueza en nuestro país?

La redistribución por supuesto que tiene mucha importancia y esa es una de las razones por las cuales tenemos un gobierno como el que tenemos, que logró ´marketear´ la palabra inclusión y si ganó fue porque hay muchas personas que necesitan de ello, de incluirse o de ser parte de todo este crecimiento país.

¿Consideras que es justa la distribución de nuestro país?

Bueno en esos términos, por supuesto que utilizar la palabra justa, conlleva a decirte que es injusta la distribución de nuestro país y eso significa un mal manejo o por la ineficacia del distribuidor de riqueza que es el Estado.

¿Por qué consideras al Estado ineficaz?

Es el gran agente económico que tiene los recursos para hacerlo y sin embargo no lo hace. Yo creo que luego de todos estos años en que todos los agentes económicos, llámese personas naturales, jurídicas, personas, empresas, hemos hecho toda una reingeniería de procesos para ser cada vez más eficientes, el único que se ha quedado rezagado es el Estado.

Si ustedes ven los ingresos que quedan como excedentes en las regiones incluso en el propio tesoro público no se sabe qué hacer con tantos recursos.

 

Actualmente, el Perú es un ejemplo a seguir, desde el punto de vista externo y comparándosele con economías cercanas como Brasil, Argentina y Chile. Estamos pasando por un buen momento económico, los sectores productivos, de servicio y agropecuarios pasan por un alto crecimiento. El nivel del PBI Perú ha sido considerado uno de los mejores del mundo para este 2012.

Si bien la economía mundial sigue de mal en peor, alguno de los países emergentes hoy es la esperanza de la recuperación de la economía mundial.

 

La reingeniería de procesos impacta en las empresas y se acerca a las entidades gubernamentales, en ese sentido ¿por qué el Estado no toma en cuenta los sectores más bajos de nuestro país?

Suena lógico y sencillo, pero parece que los políticos quienes son los que se encargan de manejar el país desde el punto de vista local, regional y desde el punto de vista Estado parece que tuvieran un gran distanciamiento entre los objetivos, entre lo que quieren los políticos y lo que quiere el país; y esa distancia es un gran déficit que se ve en la desigualdad de los ingresos.

Deberían existir mejores universidades, una mejor educación en las universidades estatales, mejor atención en salubridad, una mayor inversión en infraestructura que es de lo que carece nuestro país hoy en día. Y bueno, la falta de presencia de gobierno en tantos puntos del país donde la persona viven inseguras.

Ahora Billy, has mencionado dos puntos importantísimos para el desarrollo del país, la salud y la educación. ¿Cuáles crees serían las propuestas que debería hacer el Ministerio de Economía y Finanzas para una distribución correcta de las riquezas?

El tema va por el lado de ser eficientes, de hacer llegar los recursos necesarios y suficientes a los sectores que más necesitan. Yo creo que dándoles pensión 65, no es significa mala idea, ni es reprochable la labor, porque finalmente es una asistencia social, y al ser personas de tercera edad que de alguna forma se merecen una pensión.

Sin embargo, lo vital es que las personas puedan crear su propio emprendimiento su propio proyecto de negocio, sus empresas y poder identificar esas oportunidades que se presenten, y para ello lo más importante es la educación y si nos fijamos en el presupuesto nacional de la república el porcentaje del PBI es realmente mínimo.

 

En un estudio realizado por la conocida revista The Economist, el Perú aparece entre los principales países emergentes que cuentan con una mayor flexibilidad en sus políticas fiscales y monetarias, que consideran es una medida que indicara que tan resistente será su crecimiento económico cuando deba afrontar una crisis global, o una desaceleración en el crecimiento a nivel mundial.

Este ´ranking´ está elaborado con una lista de 27 países emergentes en función a un indicador que bautizado como Índica General de Maniobra, y que como su nombre lo indica, mide la capacidad de maniobra en las política fiscal y monetaria, y lo define como el que en mejor estado se encuentra para superar exitosamente una desaceleración económica de los países del primer mundo.

El Perú se encuentre entre los primero países, superado por China, Indonesia y Arabia Saudita, y en un nivel similar que Chile, Rusia, Singapur y la República de Corea.

Este IGM ha sido elaborado en base a cinco indicadores monetarios, que combinados forman el criterio con el que The Economist califica al país con mejor política fiscal y monetaria, estos son: inflación, tasa de interés real, tipo de cambio, exceso de crédito y la balanza de cuenta corriente.

Consideras que el sueldo básico podría afectar el crecimiento de estas PYMES

Con la fuerza con la que se está desarrollando el país las PYMES se han convertido en un motor importante, de mucha vitalidad, se calcula que de la PEA más del 50% lo utiliza el sector PYME, en esos términos podría verse quizá un incremento o una tendencia a informalizarse, sin embargo yo creo que hay PYMES y PYMES,  y creo que de alguna u otra forma saldrán al frente y tomarán esto como un obstáculo más y lo van a superar.

Ahora, el INEI nos lanza cifras, ¿éstas se ajustan a la realidad del país?

Si, por supuesto que sí, las cifras de crecimiento en el país son absolutamente reales y creo que en la medida que se siga dando y se sigan manteniendo las condiciones, que nos ha costado a todos, si seguimos a el mismo ritmo, el consumo interno con tanta fuerza como la que tienen, los cálculos dicen que en 30 o 40 años la pobreza ya no debería existir en el Perú. Debemos de seguir con el modelo con algunos ajustes obviamente para que las cosas mejoren para todos.

En relación a las importaciones y a las actividades de exportación ¿consideras deberían seguir? ¿Estas actividades colaboran con que la riqueza les caiga a todos?

La exportación es una variable vital en todo proceso de desarrollo y crecimiento en los países. Yo creo que aquí falta mucho por hacer, mayor incentivo, propiciar mayores mercados, el Estado está haciendo su labor, pero se puede hacer mucho mas, los TLCs están dando su cuota, y creo que todavía no se están aplicando a plenitud porque está dentro de un proceso de acomodo y en la medida que logremos insertarnos más en el mundo el Perú tiene mucho porvenir.

¿Consideras que los conflictos sociales por los cuales atraviesa el país actualmente, como los de Cajamarca, afecta de cierta forma la inversiones extranjeras?

Por supuesto, al margen de temas políticos y al margen del tema que justamente nos conlleva a la inclusión, existen personas que se dejan llevar por las palabras e ideas tendenciosas de algunos líderes que no hacen realmente su trabajo.

Cajamarca todavía sigue siendo un departamento pobre y sin embargo su presidente regional se dedica a otra cosa y obviamente lo que está haciendo afecta a las inversiones.

Consideras que el modelo económico es el idóneo en nuestro país

Yo creo que sí, sin lugar a dudas, que pueda existir algunos ajustes, algunas cosas por corregir, todo es siempre perfectible, todos tendemos a eso a poder corregir las cosas, sin lugar a dudas es el modelo, es el camino y ahí debemos mantenernos.

En corto o mediano plazo, ¿qué acciones deberíamos tomar, adicionalmente a la educación para que esto que es perfectible pueda darse mas rápido?

Estas circunstancias no pueden cambiarse de un día para otro, la educación de por si, los chicos deben estudiar, pasar los 5 años, ser profesionales, buscar un mercado laboral, significa que el Estado le dé prioridad a la educación.

Para empezar los profesores que me parece se han hecho cosas buenas,  positivas pero mi impresión es que todavía hay mucho por hacer.

La educación es la puerta que te abre una serie de oportunidades que puedes verlas, sentirlas y aprovecharlas. Las personas realmente sin educación se van a mantener con los ojos vendados y sin gozar todo lo que está sucediendo en el país que es una oportunidad para todos.

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La casa, postura e ideas de Don Cucho

“Los 30 soles del dueño de la empresa más grande del Perú son los mismos 30 soles del señor que vende helado”.

Por: Gabriela Prado

Cucho La Rosa, cocinero, dueño del restaurante ´La casa de Don Cucho´ en Pachacamac, ex conductor del programa ´Sazón y vacilón´ nos comenta que existe una gran diferencia entre la cultura alimenticia y gastronómica son dos cosas distintas y que al Perú no le hace falta inventar platos sino encontrar identidad y soluciones.

Si pudiéramos hacer una línea del tiempo, ¿cuáles serían las etapas?

Yo creo que de mil pasos apenas hemos dado dos y eso ha demorado 30 años, desde que pasamos del gobierno militar que termino en el 80 y se inicia la democracia, el interés de la gastronomía se inicia en paralelo, no tiene nada que ver una cosa con a otra pero se inicia en paralelo.

Con Bernardo Roca Rey, nos percatamos en ese entonces que volvieron a aparecer restaurantes franceses, italianos, suizos y la cocina criolla o peruana como que estaba relegada. En todos esos años antes del golpe militar hasta los años 80, no se había hecho ningún tipo de estudio, menos se interesaban en la cocina regional, creíamos que el tomate era oriundo de Italia, porque todas las salsas  rojas son de tomate y las salsas rojas de tomate son usadas por los italianos.

La quinua se usaba como un producto de ausencia de dinero y no se le valora por su contenido nutricional. A la gente en el Perú no le interesaba, y aún ahora  no les interesa mucho los que son grandes alimentos. Esto se suscita cuando se dan los primeros pasos del avance culinario en un  país donde se habla de comida y es un país lleno de desnutridos.

Cucho La Rosa disfrutando del Pisco

Ante ese panorama de presente y futuro que corre paralelo a la desnutrición histórica del niño, entonces empezamos a preguntarnos por qué son olvidados si son altamente protéicos.

¿Se trata entonces de desconocimiento?

Hay un gran desconocimiento de la gente, y creo yo nace del mismo interés del Estado de los ´lobbies´, y por la mala costumbre de haber adoptado una alimentación extranjera a partir de los 80´s cuando hace su aparición el ´fast food´.

¿Esta influencia del ´fast food´ se da a todo nivel?

No se da solo en los ´fast food´ sino también en la cocina de vanguardia, la que lucimos ante el mundo. Nosotros tenemos una cocina y un tipo de presentación, un tipo de comer, que lo tratamos de evitar para introducir la visión oriental, la decoración minimalista europea en vez de mostrarnos tal cual somos.

¿Tiene algo que ver la identidad del Perú?

Totalmente. Hablamos de identidad, no estamos identificados con la cocina, minimalista en la decoración del establecimiento, la bandera peruana con el corazón de Jesús es demasiado ´huachafo´ para proponerlo, para presentarlo.

Es evidente entonces que nuestra identidad no está totalmente definida, por ende no se puede consolidar.

En relación a las escuelas de gastronomía que se han visto beneficiadas en los últimos años ¿Qué enseñan principalmente?

Enseñan cocina creativa, cocina fusión, cocina de autor, porque de esa forma es mucho más fácil seducir al alumno y que paguen su mensualidad. No les interesa si hacen una barrabasada, o si el mango lo mezclan con cebolla y terminamos haciendo cebiche de lo que sea. Al cebiche le hechas parmesanos, salsa huancaína, te sientes pleno. Yo en ningún momento tuve esas tendencias, pero con la cocina novoandina como que estaba  medio confundido.

¿Qué es la cocina novoandina?

La cocina novoandina te enseña a usar el producto sea con técnica o influencia de donde sea, en cambio la cocina creativa te ayuda a enredarte. Lo que está saliendo como comida al extranjero está saliendo como un lomo de pescado en salsa de seco, o aromas del amazonas con hoja bijao y ají ´charapita´, esa comida no existe. Lo que se está llevando es una creación de un cocinero, no la cocina peruana.

La cocina peruana son los cientos de platos típicos, tal cual son, sopa guachana, cebiche de chulucana. Lo que se hace con el ají de gallina, echarle mostaza y crema de leche, eso, ya tiene otro nombre.

Entonces, ¿Qué se está haciendo con la cocina peruana?

Distorsionándola.

La cocina evoluciona, pero no le puedes poner a un ´cau cau´ chorizo, ni morcillas, si arroz, pero no otro ingrediente. Ya no sería una falta de respeto al plato.

¿Tú crees que los franceses o españoles le van a poner a su tortilla de papa un jugo de ´carapulcra´ porque la cocina peruana está de moda? No, nosotros todo lo hemos orientalizado alrededor del ´sushi´ o del ´maki´ o ´rolls´. “A mí me parece positivo que se cimente primero la cocina peruana, con la cocina novoandina podrías hacer muchas cosas más porque no hay recetarios porque coges el producto y no hay nada más que se conozca, por ende si podrías divertirte crear porque es infinita”.

¿Cómo estaremos en unos años?

El otro día conversaba con unos amigos, y decimos que el Perú debería recibir seis millones de turistas de niveles A, B y C. Sin embargo, no recibimos extranjeros de ese tipo. Para los restaurantes que hay en Lima y el público objetivo que se pelea los mejores restaurantes de la capital. Ese público cautivo no ha crecido. Sigue dando vuelta conociendo los mismos restaurantes, lo que no hacen porque quizá sean muy ´fichos´ es ampliar la base de consumo.

El público debería ser A, B, C, F, G y H. El pobre hombre que trabaja en la agricultura de Trujillo, de Ica donde dicen que hay un ´boom´ en la agroexportación, donde ganaba 800 soles y ahora 22 000 le dan una tarjeta de crédito y lo invitan a consumir y les cobran los impuestos que les da la gana. A ese señor que está dentro de la sociedad de consumo, debe venir a ´La casa de Don Cucho´, los demás restaurantes deberían hacerlo sentir cómodo, a veces somos un país de alienados.

¿Con qué no está de acuerdo en relación a sus colegas?

Yo converso con mis pocos amigos del gremio, les digo que yo no participo en ferias ni en tonterías, primero porque van las autoridades políticas, el apetito de la cultura alimenticia y la cultura gastronómica, son dos cosas diferentes una está incompleta y la otra no le pertenece a los gobiernos de turno ni puede servirle de pantalla para desviar la atención.

Yo he trabajado en un restaurante de cocina peruana y ponían jazz, un día me atrevo a sacar el ´cassete´ y la dueña casi se muere, por qué, porque era música peruana, ahí empecé a darme cuenta que esto se estaba empujando hacia una postura, a una moda, más que a su esencia.

¿Qué es lo realmente importante?

Los niños denutridos, que sepan que mínimo necesitan dos años de lactanci, la mayoría de madres están desinformadas sobre alimentación,  todo es un disfraz. ¿La cocina es el único eslabón que nos queda? El 95% de galletas en el Perú están mal hechas,  pensar que la ´carapulcra´ no va salvar al Perú, mientras haya corrupción, inseguridad ciudadana, y miles de taras de la sociedad, ¿la carapulcra y el festival de Mistura va salvar al Perú? ¿y nos va hacer sentir orgullosos? Es jalado de los pelos.